Una de los genocidios olvidados y del que se habla muy poco fue el cometido por los belgas en el Congo a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De si contamos los daños por el porcentaje de población es quizás el mayor genocidio de la historia humana moderna. Ya que los belgas acabaron con entre 5 y 10 millones de personas, los asesinados directamente podrían sido alrededor de 1/3 de la población del Congo en la época, de hecho, la población bajó de 30 millones de personas a menos de 10 durante el reinado del asesino de Leopoldo II, que aspira por sí solo a entrar en la lista de los mayores criminales de la historia de la humanidad.

El Genocidio Olvidado

El rey Leopoldo II ejecutó uno de los mayores crímenes de la historia contemporánea, un genocidio que se cobro la vida de entre 5 y 10 millones de personas. La explotación de una espantosa magnitud, fué rodeada en Belgica y Europa, como una campaña publica altruista y civilizadora de una África “salvaje” y no “civilizada”.

Las primeras historias que llegaron a Europa sobre el Congo, estaban relacionadas con las románticas y valerosas exploraciones de los exploradores pioneros, que una vez más volvían a “descubrir” mundos que permanecían inexplorados. La historias sobre Livingston y Stanley se hicieron muy famosas, quizá por que formaban parte de un plan de relaciones públicas que tenía como fín último, conquistar primero y explotar después los vastos recursos del Congo ó quizá por que simplemente fueron utilizadas por los dirigentes belgas para sus fines personales.

Hoy en día, la mayoría de la gente común, relacionaria a Livingston y Stanley con el Congo o con algún país exótico de Africa en vez de con Leopoldo II y el posterior genocidio que allí se cometió. Los artículos, reportajes e historias que escribieron novelistas como Joseph Conrad o Mark Twain entre otros (que no han sido tan promocionadas como las del “doctor Livingston supongo”), vienen a describirnos una parte mas cercana a la realidad de la vida de los congoleños, sus “amos” y las grotescas condiciones de vida que les impusieron mientras una pequeña élite belga que obtuvo “riquezas más allá de lo que es capaz de soñar la avaricia”.

Leopoldo II, rey de Bélgica había enviado a finales del siglo XIX, emisarios por todo el mundo para que reportaran la existencia de regiones ricas a las que poder colonizar y como explotar. Deseaba, como el resto de aristocratas de la época, un parte del mundo para él, no como parte de un nuevo y gran imperio a formar, sino para establecer una especie de “coto privado” en el que explotar valiosos recursos con los que equipararse en riqueza al resto de monarcas contemporáneos.


Cuando en 1872, Henry M. Stanley dió con David Livingstone, el hecho se publicitó de manera desmesurada dando fama internacional y para siempre a la frase anteriormente mencionada. Esta desmesurada publicidad tenía probablemente intenciones mas oscuras. Leopoldo publicitó las historias contadas por Stanley y Livingstone sobre la “crueldad esclavista de los árabes” y el grado de retraso y escasa civilización de los pueblos contactados con el fin de que su intención de colonizar aquellos vastos territorios adquiriera el motivo de una intervención altruista de erradicación del comercio de esclavos mientras al mismo tiempo se enseñaban la civilización europea y su moral cristiana supuestamente superior en todos los aspectos a aquellas sociedades “primitivas” compuestas por poco mas que “salvajes”.

congo
Henry M. Stanley


Este simple pretexto, junto con el interés “absolutamente humanitario” de Leopoldo II, quedó formalizado en 1876 durante la “Conferencia Geográfica” que se desarrolló en Bruselas y en la que se convenció a muchas e importantes personas de diversos ámbitos (desde geógrafos a militares pasando como no, por hombres de negocios) sobre los buenos fines que perseguía tan conmovedora obra.
Este pretexto no es ni mucho menos nuevo. “Los imperios se visten con un aura de benevolencia” desde mucho antes que el Imperio Romano, el cual sentó en gran manera las bases para este tipo de pretextos que tenían por objeto convencer a los más rehacios, a aceptar las políticas agresivas y beligerantes del Imperio sobre otros pueblos y culturas.

Leopoldo II financia tan “altruista” empresa valiéndose de un numeroso compendio de engaños gracias a los cuales obtiene aportaciones económicas y prestamos provenientes de empresas, instituciones e incluso del propio Estado belga. Dichos prestamos jamás serían devueltos.
Las exploraciones de Stanley en Centrofrica entre 1879 y 1884 dieron resultados satisfactorios para las partes implicadas y se fundaron diversas estaciones a lo largo del rio Congo. También firmó varios tratados con gobernantes locales estableciendo la “Asociación Internacional del Congo”, una organización tapadera de las verdaderas ambiciones de Leopoldo II.



A finales de la década, en 1878, el rey Leopoldo II establece un consorcio de banqueros para financiar la exploración y colonización del Congo. La “Conferencia de Berlin” (noviembre 1844 – febrero 1845), los Estados y monarquías europeas reconocen la Asociación Internacional del Congo, que pasa a llamarse “Estado Libre del Congo”.

Mientras Leopoldo II dictaba normas arbitrarias que expropiaban propiedades y recursos a los pueblos congoleños, fomentaba a que su brutal ejercito privado (la Fuerza Pública) cometiera todo tipo de atrocidades incluído el sistemático uso de torturas, secuestros, asesinatos etc con el fin de aterrorizar a la población, sometiéndola a trabajos forzados o a “vender” sus tierras, el resto de Europa se dedicaba a calificar sus acciones como de lucha contra el comercio de esclavos e incluso como defensa del libre comercio .
La “lucha contra el comercio de esclavos” y contra la “escasa civilización” de los congoleños, convirtió a Leopoldo II en apenas un par de décadas, en uno de los hombres mas ricos del mundo.

En la década de 1890, se construye una red de medios de transporte para una más extensa explotación y distribución de los recursos minerales, haciendo uso de trabajadores forzados. La construcción de estas infraestructuras, orientadas exclusivamente al interés personal, se cobró la vida de una incontable cantidad de seres humanos, en una tremenda agonía de la que no se salvaban ni siquiera los niños de mas corta edad.


genocidio

Los esclavos de todas las condiciones, también fueron explotados para el desarrollo de caucho y la obtención de marfil. Un año después se conquista Katanga (1891 – 1892), región de enormes riquezas minerales y que será un foco de la rivalidad entre las grandes potencias hasta nuestros días. Entre 1895 y 1897 estallaron diversos motines contra la Fuerza Pública que serán reprimidos en poco tiempo y con la aconstumbrada dureza.

Leopoldo II creó su propia empresa para la obtención de marfil y caucho, concediéndo tierras a diversas empresas e intereses privados a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Era el empresario del momento en el paraíso del libre comercio, es decir de la libre explotación.

Entre 1885 y 1906 el único comercio que existió en el Congo fue el de abalorios y camisetas de algodón que se cambiaban por inmensas tierras fértiles o incluso a cambio de años de trabajo, todo ello cuando no se recurría al terror sobre la población, el saqueo, la destrucción de aldeas y pueblos, chantajes y atroces castigos para aquellos que no cumplían con las ordenes o las tremendas jornadas de trabajo que exigía el monarca para mejorar la productividad.

Los métodos de Leopoldo II en el Congo, no constituyen una novedad de los procesos de colonización – saqueo de otras tierras, sino que el recurso al terrorismo a gran escala sobre poblaciones indefensas era moneada de cambio pues no se podía explotar pacíficamente a tan grandes poblaciones sin recurrir a la violencia. Eran en parte, los mismos métodos empleados por los colonizadores españoles, ingleses, holandeses y franceses en el “Nuevo Mundo”.

Según explica en su libro Adam Hochschild ( King Leopold’s Ghost ), no hay ninguna duda que Leopoldo II conocía de primera mano lo que allí pasaba pues, preocupado por la muerte de muchos trabajadores a causa de las brutales condiciones, sugiririó que se empleara también a niños para el trabajo. De cualquier forma, aunque Leopoldo II no hubiera tenido conocimiento de estos hechos, ello le hubiera hecho igualmente responsable por que al fin y al cabo el era el amo y señor de aquellos dominios.

Las primeras voces criticas al respecto, fueron las del misionero americano G.W. Willians, y los relatos y datos obtenidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad. A sus preocupaciones, le siguieron las preocupaciones (interesadas o no) de otras personalidades como el tambien misionero Willians Sephard, el diplomático británico Casement, y principalmente los trabajos de Edmund Dene.

En 1908, en respuesta a las crecientes criticas sobre el tratamiento dado a las poblaciones africanas, el Parlamento belga anexiona el Estado Libre del Congo y lo renombra Congo belga. Las condiciones de los nativos se suavizaran aunque su rol de semi-esclavitud se mantendrá practicamente hasta el día de hoy.

El Congo permaneció bajo soberanía belga hasta 1960, año en que obtuvo su independencia. Tras la propia independencia del Congo el 15 de agosto de 1960, los Estados europeos y EEUU no dejaran de intervenir en la zona, ávidos por explotar los inmensos recursos y riquezas del nuevo Estado amén de mantener el “comunismo” (es decir cualquiera de los intereses nativos) lejos de sus fronteras y como base para atacar países vecinos que se consideraban también “comunistas”.


Las intervenciones exteriores vendrán en forma de apoyo a determinadas facciones étnicas, dictadores ó señores de la guerra, a las que armaban o pagaban para que controlaran militarmente alguna región del país haciendolo “seguro” para que las empresas mineras y manufactureras, tuvieran acceso a la explotación de sus recursos. Esas facciones a menudo pertenencia a etnias que habian apoyado en su momento a los colonizadores frente a otros comunidades etnicas que se aponían a la presencia extranjera, con lo cual los resentimientos y odios entre dichas etnias aumentaron considerablemente. Ello favorecía en gran manera a los intereses geopolíticos y económicos extranjeros, pues mediante esta situación se mantenía un pais potencialmente peligroso (dada su extremada riqueza) alejado de poder convertirse en un poder regional independiente con aspiraciones panafricanas que atacara las propias causas y origenes de muchas de esas disputas.

Todavía se discute en Bélgica la responsabilidad de Leopoldo II y de la propia Bélgica en las atrocidades allí cometidas, aduciendo que Bélgica se involucró en el Congo por motivos puramente altruistas. Resulta difícil que tal y como sostiene una parte de la”Historiografía” oficial, las naciones occidentales, una vez que comenzaron a conocer lo que ocurría no hicieran nada y cuando hicieron algo, simplemente lo hicieron para reducir el poder de un potencial rival regional en un continente, que pronto se repartirían con descaro y arrogancia entre las potencias europeas a golpe de escuadra y regla, ignorando los agravios cometidos en el pasado y agravando los actuales mediante la separación de comunidades enteras de la misma etnia y la unión con otras rivales, fomentando los futuros conflictos con el fin de facilitar el trabajo de la metrópoli en la zona.

En los colegios e institutos apenas se estudian estos hechos como parte de otro de tantos genocidios llevados a cabo por las naciones europeas durante la colonización de Africa a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. El coste de la colonización belga ha sido cifrado por algunos autores en un mínimo de 5 millones de almas de todas las condiciones. Otros autores afirman que una cifra más acorde estaría entre los 5 y 10 millones de personas muertas como consecuencia directa de la colonización.

Lo mas penoso de toda esta terrible historia, al igual que ha pasado y pasa con tantas otras similares, es que hoy en día la gran mayoría de la gente desconoce por completo el genocidio y las atrocidades cometidas en ese periodo, estimadas en 5 millones de muertos, los cuales no han empañado en nada la imagen de Leopoldo II, cuya estatua ecuestre sigue ocupando su lugar en el palacio de Laeken sin que a nadie le incomode lo mas minimo. Al fin y al cabo, como “argumentaría” mucha gente, “es historia”.