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Materiales
Insurrecionalistas - [ 16.06.05 ]
Decir de entrada que tanto el fascismo como el
antifascismo han jugado históricamente un papel contrarevolucionario
y que ambas han constituido y constituyen una forma de adhesión al
capitalismo puede resultar un tanto fuerte o cuando menos extraño.
Tratar de argumentar tales afirmaciones o al menos promover un
debate sobre un tema tan de moda como el antifascismo es la
intención de este artículo.
Revisando, reentendiendo la historia.
Hay quien opina que la historia es la carroña de las sociedades y
los historiadores sus forenses. Esa quizás sea la historia con
mayúsculas, la de las facultades y bibliotecas, la historia que
nosotr@s reivindicamos no es (o no debiera ser) pretenciosamente
objetiva, es (o debiera ser) una herramienta crítica para entender
el presente y transformarlo. Durante diferentes etapas de la
historia las minorías acomodadas han utilizado en momentos de crisis
a movimientos folklóricos para mantener sus privilegios, llegando a
ceder a estos grupos de presión el poder político. Este es el caso
del fascismo en el período de entreguerras. (1) Tras la I Guerra
Mundial (14-18) el capitalismo ya no juega un papel progresivo, no
desarrolla las fuerzas productivas más que provocando crisis y
guerras. En este contexto surgirá el fascismo pero también el
antifascismo y ambos con el mismo fin, aunque pueda parecer lo
contrario, salvaguardar los intereses del capital imperialista y
aplastar al proletariado internacional. La Guerra Civil española
ilustra el papel contrarevolucionario del antifascismo a la
perfección. El 19 de Julio en diversas ciudades de España
l@s
obrer@s
cortan el paso a la rebelión militar y comienzan una dinámica de
expropiación de claro matiz revolucionario. Poco durará el apogeo de
este proceso, la misma constitución del Comité de Milicias
Antifascistas (organismo interclasista que traslada el protagonismo
de las masas a la dirección de las organizaciones) evidencia el
ataque de la burguesía antifascista contra el proletariado. El
cónclave de Burgos y el gobierno republicano de Madrid son los ejes
de una misma pinza que se cierra contra la clase obrera. España no
será el escenario de una guerra revolucionaria, ni tan siquiera de
una guerra civil, sino el de una guerra imperialista. La burguesía
(tanto nacional como internacional) alineada a ambos lados ventila
sus cuentas a costa del proletariado. Desde la República se centra
el mensaje en una política de guerra. La guerra como forma de
reestructuración del modelo capitalista en crisis y aplastamiento de
la clase obrera. La guerra en España servirá de laboratorio de
pruebas, un anticipo al mismo fenómeno de reestructuración que se
vivirá a nivel mundial (II Guerra Mundial). En España se impondrá un
modelo capitalista dictatorial (con la complicidad de las
democracias occidentales y la URSS), mientras que tras la II Guerra
Mundial en el resto del mundo se impondrá un modelo capitalista
democrático falsamente enfrentado a un supuesto bloque «socialista»
antagónico. Tanto el modelo dictatorial como el democrático tienen
una misma finalidad: reajustar y mantener el sistema de explotación.
Evidentemente España no entrará en el conflicto mundial puesto que
el reajuste (vía triunfo dictatorial) se ha producido con
anticipación. También es lógico, siguiendo esta argumentación, que
las democracias occidentales que decían luchar contra el fascismo no
cuestionen el sistema político (fascista) español tras la II Guerra
Mundial. En la guerra de España la ideología que se impondrá, como
supuesta necesidad ineludible, será el antifascismo: el frentismo y
la colaboración de clases incluyendo en esto a las cúpulas (no se
les puede llamar de otra manera) de la CNT-FAI y los oportunistas
del POUM desmarcándose con ello de una política realmente
revolucionaria y plegándose al pragmatismo de una política de
guerra. La unidad antifascista no es más que el colaboracionismo de
clase. El proletariado en lugar de enfrentarse contra sus enemigos,
(la burguesía fascista y antifascista), en una verdadera guerra de
clases se verá obligado a hacer de carne de cañón de ambas
burguesías con la complicidad de algun@s de sus «dirigentes más
avanzados». Los sucesos de mayo en Barcelona se evidencian como el
epílogo de un deseo frustrado de comunismo (2) por parte del
proletariado. Es a partir de mayo que podemos decir que la
burguesía (de la mano de sus aliados estalinistas) ha vencido a una
revolución inconclusa (no se tocaron los bancos, no se abolió el
dinero, y principalmente no se destruyó el Estado, lejos de eso
algunos anarquistas llegaron a convertirse en ministr@s). El cadáver
de Camilo Berneri será el estandarte de uno de los crímenes más
evidentes del antifascismo. Los obreros españoles fueron machacados
bajo la bandera del antifascismo y en definitiva lucharon (sin ser
su deseo) por el triunfo del capitalismo. El proletariado
internacional bajo la misma bandera antifascista sólo esbozó los
trazos de una solidaridad mediatizada. Este sólo podía respaldar a
l@s obrer@s españoles mediante acciones de clase dirigidas contra el
aparato económico y político del capital. Por eso la ayuda efectiva
a la España revolucionaria únicamente residía en el cambio radical a
nivel mundial de las relaciones de clase. (3) La Guerra Civil
española ejemplariza el nocivo papel del antifascismo. El fracaso de
la revolución habría que buscarlo en múltiples causas y no solamente
en el antifascismo pero ésta no es la misión del presente articulo.
Fascismo hoy.
Para determinar la función que cumple el fascismo hay que determinar
cuál es la realidad en la que se desenvuelve, que evidentemente no
es la misma que la de los años 30. La necesidad constante del
desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo han llevado a
éste a una crisis permanente. La crisis del modelo de desarrollo
keynesiano desde principios de los años 70 conducen a una paulatina
superación de este modelo (del Estado de Bienestar) y a la paulatina
extensión de un nuevo (viejo) modelo de liberalismo. En la
actualidad ambos modelos conviven y/o compiten en un marco
internacionalizado de la economía de mercado. Este estado de
inestabilidad es susceptible de generar graves disfuncionalidades.
La sustitución de un modelo en decadencia por uno en auge crea una
situación de desprotección y una fuerte resistencia en grandes capas
de la sociedad. A esto se añade la supuesta inmigración masiva como
causa de disfuncionalidad añadida fruto de la internacionalización
de la economía y el incremento de la explotación en los países de la
periferia, así como de la marginación de grandes áreas geográficas
del mercado-mundo. En resumidas cuentas este es el marco donde
situar el fascismo hoy. Su misión en él seria facilitar la
transacción de un modelo a otro, desarrollando políticas tendentes
no a tomar el poder (no por ahora ) sino a fortalecerlo y
totalizarlo por medio de leyes represivas, antiinmigración, etc. que
impidan o neutralicen las posibles disfuncionalidades (que se
traducirían en revueltas cíclicas o movimientos de resistencia (4))
conservando y manteniendo formas de gobierno formalmente
democráticos pero apuntalando el papel represivo del Estado
capitalista. El fascismo pues trataría de derechizar la sociedad a
la par que desestabilizar para justificar medidas de urgencia por
parte del Estado. Por otro lado se vuelve a plantear la dicotomía
democracia o fascismo (dos caras del mismo capitalismo) que lleva a
reforzar la alternativa democrática frente a la posibilidad fascista
saliendo victorioso de este falso enfrentamiento el capital.
Antifascismo hoy.
Entendiendo qué función juega el fascismo en el
marco de relaciones sociales y económicas podemos entender la
función que juega su anti. El antifascismo hoy adopta
(queriendo o sin querer) diversas facetas y funciones:
El antifascismo como actitud
estética.
El antifascismo es poco menos que una moda. La
falta de análisis, debate y crítica es patente. No se globaliza el
problema sino que se trata de atajar sus efectos más palpables
(violencia callejera fascista) reproduciendo, en muchos casos, esto
mismo (violencia callejera antifascista). Alrededor del antifascismo
se crea y recrea una estética pandillera y de escasos contenidos
regida por una violencia macarra y estéril. Proliferan grupos,
colectivos, plataformas, etc., que tratan de responder a un fenómeno
sin analizar sus causas o al menos sin atacar a éstas. Actos a
contra o de puro carácter anecdótico como las manis del 20 N son
moneda habitual. Más allá hay que situar la patética imagen del
mata-nazis como figura folklórica del movimiento que en demasiados
casos copia actitudes y esquemas mentales de sus presuntas víctimas,
en una clara tendencia militarista que puede llegar a prevalecer e
involucrar a todo el movimiento.
El antifascismo como lucha de
distracción.
El fijar nuestros esfuerzos en la lucha
antifascista a nivel parcial nos aleja ineludiblemente de la
centralidad de la lucha de clases: crear conciencia y
autoorganización de clase. El antifascismo distraería voluntades a
una problema concreto fruto de una situación global. Más cuando se
cae en dinámicas de represión-acción (difíciles de evitar) que
llevan al movimiento a centrar su trabajo en responder a agresiones
de grupos fascistas o del aparato represivo del Estado cuando
l@s antifascistas son
represaliad@s.
El antifascismo como colaboración de
clase.
El lema
«tod@s contra
el fascismo» puede ejemplarizar una tendencia a la colaboración de
clases. La alianza, en plataformas y demás, con fuerzas
contrarevolucionarias de la izquierda capitalista es patente en
muchos casos. Un lema tan general es asumible desde muchos ángulos,
desde la izquierda colaboracionista a la derecha liberal ( no
olvidemos que Antena 3 se ha convertido en paladín antifascista)
pasando por los grupúsculos oportunistas (los restos del leninismo
que combaten el fascismo aquí y apoyan alianzas entre fascistas y
«comunistas» en la antigua URSS). La historia vuelve a repetirse con
un escenario totalmente distinto al desarrollarse políticas
frentistas que implican un reforzamiento del modelo capitalista bajo
formas democráticas parlamentaristas. Se vuelve a colaborar con
nuestros enemigos de clase socavando nuestros propios intereses para
defendernos todos juntos de nuestros enemigos aparentemente más
directos y atroces: los fascistas. (5) El resultado es que en lugar
de hacer cotidianamente revolución nos hacemos aliados de sus
enemigos.
El antifascismo como forma de
reforzar al Estado.
Desde grupos antifascistas se reclaman medidas
estatales y legales que represalien al fascismo (6): leyes contra
los grupos nazis, mayores medidas policiales, altas penas de
prisión, etc. La aplicación de tales medidas difícilmente irían a
nuestro favor más bien todo lo contrario. Con ello se refuerza el
papel del Estado a nivel represor y se fortalece su poder. No deja
de sorprender y alarmar que desde nuestras filas se dan armas a
nuestro enemigo más señalado: el Estado. Así como se considere que
sus leyes puedan ser nuestra salvaguarda contra quienes son ni más
ni menos que sus cómplices: fascistas.
Palabras finales.
No se pretende hacer desde este artículo una
crítica sanguinaria y sin atenuantes a todos los grupos
antifascistas. No se puede pensar que este movimiento sea homogéneo
e igualmente criticable pero sí que es necesario empezar a criticar,
analizar y en definitiva a pensar la realidad. Globalizar las
situaciones para intervenir en la realidad y transformarla es tarea
de tod@ revolucionari@. De lo contrario podemos caer (aunque sea sin
desearlo) en el papel de ser cómplices o compañer@s de viaje del
mismo sistema que nos oprime. Tampoco desea este artículo decir que
no debemos enfrentarnos al fascismo, pero sí aclarar que esta lucha
forma parte (y no la fundamental) del enfrentamiento cotidiano al
capital-Estado y no una forma de justificar la existencia de éstos.
SALUD Y ANARQUÍA
RESPUESTA AL
ARTÍCULO PUBLICADA EN EL MISMO FORO
El último de Filipinas
Alicante. Diciembre 1996.
(1) Son evidentes las similitudes del nazi-fascismo de los años 30
con la toma del poder por Luis Bonaparte «el 18 de Brumario». Así
como la organización política del nazi-fascismo con la «Sociedad del
10 de Septiembre» que daba soporte a Bonaparte y la función política
dada a ésta dentro del marco de los intereses de la burguesía.
(2) Entendiendo comunismo no desde las estrategias leninistas sino
desde su forma integral. Lo que
l@s
anarquistas llamamos comunismo libertario.
(3) Sólo unos pocos (Durruti y su grupo «Nosotros» entre
otr@s) plantearon de forma teórica
extender la revolución a nivel internacional y crear un «efecto
dominó».
(4) Revueltas como las de Caracas, el POLL TAX o Los Angeles. En
ellas se evidencia un trasfondo más profundo, de malestar general,
más allá de los hechos concretos que sirvieron de detonante.
(5) Este tema se produce en el caso alemán (y no es el único). Los
grupos autónomos han llegado a buscar el apoyo en el Partido
Socialdemócrata fomentando una especie de unidad antifascista e
interclasista.
(6) Este tipo de medidas se reclamaban recientemente en la portada
del boletín «No pasarán» del colectivo «Al enemigo ni agua» de Barna.
O en el caso Guillén Agulló donde diversos grupos reclaman altas
penas de prisión y cumplimiento íntegro de las condenas.
Evidentemente había quien discrepaba, como la Asamblea Antifascista
de Valencia.
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