1º.- Vigilar y apoyar todos los movimientos
nacionales alemanes, en todos los países donde los alemanes tienen que
sostener una lucha en apoyo del germanismo, con el objeto de unir y
abarcar a todos los alemanes en el mundo.
2º.- Promover una política activa alemana para su beneficio en Europa y
allende los mares y, especialmente, promover todos los movimientos
coloniales para propósitos prácticos.
3º.- Tratar y resolver todas las cuestiones relacionadas con la
gestación, la crianza y una mayor educación en el sentido germánico.
4º.- Avivar la autoconciencia patriótica de los alemanes, y ofrecer
resistencia a todos los movimientos antagónicos al desarrollo nacional.
En una ulterior explicación, de los estatutos arriba mencionados, la
Liga imprimió un manifiesto declarando que “El destino de los alemanes
en Austria no puede ser un motivo de indiferencia para Alemania; no
puede ser un asunto indiferente si los sajones o los suabos en Hungría
son magiarizados, o los alemanes en Suiza o los flamencos en Bélgica son
afrancesados. Los alemanes deben apoyar activamente todos los
movimientos en esos países en defensa del germanismo. “El germanismo
allende los mares debe ser preservado y fomentado por todos los medios
posibles”.[28]
Ya conocemos cuan bien los alemanes han obedecido y escuchado tal
recomendación.
Hacia 1.900 habían unas 50 asociaciones diversas, todas supeditadas a la
Liga Pan Germánica. Ramificadas en índole pero idénticas en fines, esos
grupos, que iban desde camarillas militares y navales a ligas deportivas
e instituciones bancarias, estaban todos fervientemente empeñados en
preservar y fomentar el germanismo en tierras extranjeras. Políticamente
también, la Liga ganó considerable prestigio. En 1.903 no menos de 43
miembros del Reichstag habían sido ya iniciados como miembros.
Secciones de la Liga brotaron en las principales ciudades del mundo. De
las dos de Estados Unidos, una estaba ubicada en Nueva York, la otra, en
Texas. Con la difusión de su propaganda la Liga esparció un gran número
de agentes secretos, a través del mundo, con el propósito de
proporcionarse informes confidenciales concernientes al evangelio del
germanismo. Esos agentes eran la avanzada de la actual quinta columna;
fue su trabajo, que empezó con la compilación de los notorios ”álbum de
recortes” alemanes, en los cuales, ese gobierno, listaba todos sus
enemigos, y a los enemigos de la idea de un mundo dominado por los
alemanes. Para una tal nación como Alemania el chantaje palidece en
insignificancia ante sus otros crímenes. Y así, con cada hora que pasa,
los miembros de la Liga Germánica continuaban con su nefasta tarea, la
cual, enseñando e inculcando el gran ideal común alemán de esclavitud
mundial, se convirtió rápidamente en una parte integral de la vida e
ilusión del alemán común. En 1.905, los principios del Pan Germanismo ya
eran conocidos por todos. El trabajo inicial ya estaba hecho. El maligno
virus del germanismo ya había sido inyectado en el tejido social del
público, y los alemanes aguardaban la epidemia que ellos consideraban
debía, más tarde o más temprano, infestar al mundo.
En realidad, el trabajo y programa así como la propaganda, que ellos
difundieron, habían alcanzado tal grado que ya, desde 1.895, ¡varios
escritores alemanes estaban ya ocupados profetizando cómo y cuándo la
meta ideológica del dominio mundial alemán sería conseguida! Esos
profetas no eran, en modo alguno, poco numerosos; existen una gran
cantidad de trabajos serios, por autores alemanes, en los cuales el
destino de su país es elaboradamente trabajado con todo detalle y la
deificación del germanismo, como una religión mundial, es descrita.
De una de tales profecías, escrita en 1.900, sabemos que “las
circunstancias alrededor del año 1.950 han empezado a ocasionar gran
inquietud. Todos los alemanes han sido unidos, Holanda entra en la unión
alemana; en Bélgica los flamencos acrecientan su poder y a causa de las
crecientes dificultades que ocasionan los elementos franceses, los
alemanes se ven obligados a intervenir. Si Francia pone reparos a la
total absorción (de Bélgica por Alemania) entonces el territorio Valón
pasa a ser parte de Francia y la parte flamenca de Alemania. Tal vez los
franceses luchen en cuyo caso toda Bélgica será anexionada e incorporada
al Imperio Mundial Alemán”. El autor prosigue discutiendo, más bien
vagamente, el caso de Francia, Suiza y los Balcanes, después de lo cual
él advierte a los alemanes ”por todos los medios de evitar la guerra con
Rusia si fuese posible”. Él completa la profecía expresando que “en los
años 1.950 la Gran Alemania tendrá una población de 200 millones. Todo
el mundo es feliz porque todos los alemanes están unidos y rigen el
mundo.[29]
Esta profecía no aparece, bajo ningún concepto, como fantástica a los
alemanes de entonces. Actualmente fue considerada, de conjunto, como muy
conservadora porque líderes más radicales habían fijado el
establecimiento “del Mundo Germánico” para una fecha mucho más temprana
que el año 1.950. Escribiendo en 1.895 un alemán ambicioso predijo que
Der Tag llegaría durante 1.915. He aquí el compendio de su augurio:
“Alrededor del 1.915 todo el globo comienza a temblar. Dos grandes
Estados toman medidas de autodefensa, América y Rusia. América proclama
en alto la doctrina de “Pan América”, Rusia concluye tratados
clientelares con Turquía, Persia y China. Gran Bretaña, Pan América y el
coloso Pan Eslavo de Rusia amenazan con abatir los dieciséis Estados de
Europa. En este momento crítico interviene Alemania y creciéndose con la
ocasión, se pone a preparar el ejército y la marina para la inminente
lucha”. Luego sigue la descripción de la guerra y unas pocas y
misceláneas descripciones fantásticas de la misma, después de lo cual el
escritor continua:
“Los Junkers nadan en dinero. Mientras tanto Pan América se ha
convertido en fuente de gran malestar para Alemania al ser el germanismo
amenazado en Sur América. Los Estados Unidos, declinando ceder, las
armadas francesas, italianas y alemanas se movilizan y navegan hacia
América. La marina americana es destruida. En tierra, las tropas
alemanes hacen un trabajo breve con los mercenarios americanos. Bajo el
brillante liderazgo de un caudillo alemán, los alemanes son victoriosos
por todas partes. En el mar, los buques alemanes, cañones y hombres,
demuestran su gran superioridad sobre los ingleses quienes son
metódicamente derrotados. La disciplina alemana, su valor y pericia
hacen la armada alemana invencible. La marina inglesa fue destruida.
Invadidos, los ingleses ofrecieron una descorazonada resistencia. Los
soldados alemanes e italianos toman Londres. Inglaterra y América fueron
derrotadas. La paz fue concluida”.[30]
En lo que respecta a los términos de tal paz, el escritor declara que
“Alemania toma México, Guatemala, la Honduras Británica, todo el Brasil
al sur del Amazonas, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y el norte de
Chile. Francia tomó Brasil al norte del Amazonas, la Guayana Británica,
Venezuela, Colombia y Ecuador. Italia tomó lo que quedó de Sur América
incluyendo Argentina. Las Indias Occidentales se repartieron entre
Francia y Alemania. Gibraltar fue devuelto a España, Malta se le dio a
Italia, Chipre a Turquía. Los ingleses debieron pagar una enorme
indemnización de guerra. Había gran descontento en Inglaterra porque
toda la flota británica era retenida por los alemanes en garantía de
pago. Todas las acciones inglesas del Canal de Suez fueron confiscadas y
distribuidas entre las potencias vencedoras. Las minas de diamantes
Kimberley fueron tomadas por Alemania y todos los capitales ingleses y
americanos invertidos en Brasil y Sur América fueron transferidos a
manos alemanas. Las líneas de cable fueron tomadas por Alemania y todos
los colonos ingleses y americanos recibieron la orden de abandonar Sur
América en el plazo de un año, para no serles permitido nunca más
establecerse de nuevo en ningún país de ese continente”.
¡Así Inglaterra y América son humilladas y el gobierno alemán del puño
de hierro asegurado! Circularon pronto mapas, después de que esta
profecía fuese hecha pública, ilustrada la división de América del Sur;
la mitad norte y América Central siendo representadas como colonias
alemanas.
Aún otro escritor, prediciendo una guerra algo similar a la ya arriba
mencionada, termina su profecía manifestando que “después de la completa
humillación de Inglaterra el tiempo llega para Alemania para ajustar las
cuentas con Estados Unidos, ¡pero al movilizar Alemania los Estados
Unidos ceden a ella todas sus demandas sin siquiera disparar un
cañonazo![31]
Aunque muchas de esas “profecías” varían en detalles, el lector es
consciente de un destacado hecho, el cual transciende en todas ellas;
que la deificación del germanismo no puede ser completado sin la
humillación, tanto de Inglaterra como de Estados Unidos. Esto fue
declarado ser un hecho por el doctor Paúl Samassa, un profesor alemán
quién, en 1.902, manifestó que Alemania debe estar preparada para
combatir a los británicos y americanos; después de derrotar a estos
últimos de los pueblos libres, ¡Alemania podría luego gobernar el mundo
del modo que quisiera!
En 1.904, un observador, tomando seria nota de todas aquellas profecías
y deseos alemanes, escribió, visionando un análisis en el cual alertó
que: “la doctrina del germanismo puede muy bien convertirse en un ideal
nacional e inflamar un espíritu muy peligroso. Para los anglosajones la
lección que da es obvia. La prontitud lo es todo. Permitid a Inglaterra
y a los Estados Unidos estar preparados en todo momento para enfrentarse
exitosamente a la embestida teutónica si alguna vez llega”.[32]
Esnogad
4. El Germanismo en el Extranjero.
I. Estados Unidos.
La tarea de propagar el culto idolatra del germanismo, en tierras
extranjeras, fue delegado a la Asociación de la Escuela General, una
organización mantenida por la Liga Pan Germánica. Empezando su acción en
1.881 esta asociación, existente hoy en día como la notoria German
Ausland Organisation (AO), fue la primera en preparar el terreno y en
desarrollar y probar las tácticas las cuales están siendo usadas hoy por
todos los quinta columnistas germanos.
De todos los países, en los cuales esparció su perversa doctrina, fue
los Estados Unidos donde los germanos no han tenido alguna duda acerca
de la exitosa conservación y desarrollo del germanismo. Tanto es así, de
hecho, que el profesor Hasse, en uno de sus discursos ante el Reichstag
alemán, declaró que “la tumba del germanismo está ubicada en América” y
la pala que cavará esa fosa es la doctrina Monroe. Pero no todos los
exponentes del germanismo, no obstante, se sienten tan desesperados
acerca de las probabilidades de propagar exitosamente el germanismo en
este país, y ellos hicieron muchos intentos previos para organizar y
fortalecer su movimiento aquí.
En efecto, los alemanes no alcanzaron ningún notable éxito en su
trabajo. El americano de origen alemán o descendiente o bien no tenía
interés en preservar su identidad germánica, por oposición a su orgullo
en ser designado como “americano”, o, de otro modo, porque él había
huido de su tierra nativa precisamente en consideración de tales
malignas creencias y persecuciones, y él no retuvo inclinación o deseo
alguno para ver esos males florecer en una tierra de libertad a la cual
había venido para adoptarla como la suya propia.
La furia alemana, excitada hasta extremos febriles por los desvaríos
apopléticos de los líderes germanos, se manifestó contra los Estados
Unidos muchas veces. La primera de esas crisis acaeció en el tiempo de
la guerra hispano- estadounidense, cuando Alemania intentó promover una
coalición de naciones para oponerse a nuestra posición. La vez siguiente
fue un plan de Alemania para intentar una unión aduanera contra Estados
Unidos, un paso que fue inmediatamente seguido por intentos, primero de
anexionarse Samoa, y luego de romper la fuerza de la doctrina Monroe
poniéndola a prueba en Venezuela. Todos esos intentos fracasaron,
principalmente por el rechazo de Inglaterra de actuar en colusión con
Alemania contra unos Estados Unidos independientes, así como por la
firme aceptación y defensa inglesa de la doctrina Monroe como una
permanente y gran política de nuestro país.
Disgustada, con sus fracasos para marcar su voluntad sobre los Estados
Unidos, Alemania decidió intentar nuevas tácticas. Ella adoptó la
política de “tomárselo con calma”, una política que ella odiaba porque
era antagónica a sus ideales naturales de arrogancia, fuerza bruta y
agresión, y contrario al espíritu de su alma-guerrera. Tal odio,
inherente de Alemania para adherirse a una sana conducta de actuación
internacional, que toma en cuenta los derechos humanos y el decoro, fue
bien epitomado por uno de sus más hábiles y populares escritores
políticos, el doctor Rohrbach, quién exclamó:
“¿Piensa alguno que Alemania le gusta decir cosas amables a los Estados
Unidos, o que ellas son la efusión de un corazón amante? Ella sólo dice
tales porque Alemania debe erradicar las sospechas con las cuales
América considera su política”.[33]
A causa de su lenguaje común y sus filosofías humanistas, los alemanes
miran, tanto a Inglaterra y a los Estados Unidos, como crueles enemigos
de su super - Estado y, por lo tanto, su principal función, como
hostigador en este último país, se expresa por sí misma por los intentos
de meter una cuña entre él e Inglaterra. Parte de su odio a Inglaterra
fue dirigido hacia él por no “sentirse avergonzada” a reconocer
abiertamente la Doctrina Monroe. Una y otra vez la referencia a esta
Doctrina se encarama en conexión con el origen y desarrollo del
germanismo en los Estados Unidos.
En 1.903 Johannes Volert declaró que “la Doctrina Monroe es
indefendible”. Esto es una impertinencia directa, más aún, “al carecer
América de los medios para obligar su aplicación”.[34]
Esta perpetua oposición de Alemania a la Doctrina Monroe, así como su
continuo desafío a ella, fue mejor bosquejada en un artículo impreso, al
comienzo de este siglo, por The Journal of Commerce en respuesta a la
pretensión alemana de que la Doctrina Monroe era “una vana pretensión”.
El propósito de aquel mensaje está tan cargado de vigor y verdad, son
tan frescas y vivas cada una de sus palabras y tan generalmente a
propósito, que merece una citación completa.
“El último profesor alemán (Mommsen) que aborda la Doctrina Monroe
parece mostrar la usual incapacidad teutónica para entender lo que
significa. Él asume que esta “vacua pretensión”, por parte de los
Estados Unidos, es controlar los destinos de las naciones Sudamericanas,
y tener a los europeos apartados de ellas. Él no puede ver que los
Estados Unidos no busca ningún predominio, sino sólo objeta al
predominio europeo. La mente alemana falla en ver que nuestra política
es dejar a los países de Sur América independientes, para desarrollar
sus propias políticas; y sólo le pedimos a Europa que les dejen
independientes, y no intenten apropiarse de sus territorios o supriman
su soberanía. Los Estados Unidos desean que Sur América ejerza su propio
control”.
Malogrando, constantemente, en sus intentos de clavar una cuña entre los
dos países angloparlantes, los alemanes fueron instruidos, por su
cuartel general, para intentar crear una fuerza propia con la cual
combatir a los americanos. Revisando este ángulo de ataque, el Profesor
Hasse manifestó que el único camino, por el cual él podría contemplar un
futuro para el germanismo en los Estados Unidos, consistía en que los
alemanes ”se organizasen y educasen el elemento germánico en aquel país
de modo que el poder político cayese finalmente a sus pies. Y en orden
para conseguir esto, el profesor aconseja que “los alemanes deben
abandonar todos los intentos de tomar partido en los asuntos de los
partidos republicano y demócrata y formar, por sí mismos, un partido
político nacional”. Otro profesor, Muensterberg, conviene con Hasse
añadiendo que los alemanes deberían constituir un Estado dentro del
Estado, en los Estados Unidos. Aún otro escritor alemán añadió que el
mejor camino para los alemanes de formar un partido suyo era infectar a
los americanos, especialmente los de origen irlandés, con el virus
germánico de la anglofobia. ¡La recomendación fue también hecha para que
los alemanes designasen un agente confidencial en Washington que podría
seguir en contacto con el gobierno (americano) e influirle![35]
Todas esas salvajes nociones de germanismo produjeron una gran cantidad
de agitación en este país, pero el alemán no fue capaz de sostener que
algún progreso real había sido hecho por su movimiento en los Estados
Unidos. Es sólo desde el surgir de la Alemania actual, y sus “agitadores
exportados”, así como sus espías a sueldo y sus sicofantes sobornados,
que la pesadilla del germanismo ha sido forzada, a través de la coerción
y el terror, en el gaznate de un pequeño pero importante grupo de
americanos de descendencia alemana.
II. Sur América.
Los designios alemanes en América del Sur, particularmente hacia Brasil,
así como los solapados métodos que ellos emplean, procurando promover
allí sus intereses, no han sido nunca guardados enteramente en secreto.
Mucho antes del advenimiento del gobierno alemán actual los alemanes
habían mirado siempre, codiciosamente, a Sur América como una tierra la
cual, algún día, les iba a pertenecer a ellos. Que el perseguir tal
proyecto les podría llevar a enfrentarse, cara a cara, con la potencia
de los Estados Unidos fue una eventualidad que ellos previeron y para la
cual se prepararon. Ellos no sintieron ninguna incertidumbre sobre el
éxito final contra los Estados Unidos; en veintenas de libros
prominentes autores alemanes han hecho, una y otra vez, la predicción
que los Estados Unidos cederían, por miedo ante los alemanes, sin
siquiera disparar un cañonazo ó, de otro modo, capitularían después de
una corta guerra. En cualquier caso los alemanes fueron instruidos a
estar preparados para ese día, porque ese día debe venir para el alemán.
Tales advertencias, persistentemente expresadas por escritores alemanes,
maestros, y estadistas, fueron completamente clarificadas en la
declaración del profesor Schulze-Gaevernitz para el efecto de que
“cuanto más condenada está Alemania a una actitud de resistencia pasiva
hacia los Estados Unidos, cuanto más enfáticamente debe ella defender
sus intereses en América Central y del Sur. Para este propósito
necesitamos una flota capaz no solo de hacer frente a las miserables
fuerzas de los Estados Sudamericanos, sino lo suficientemente fuerte
para inducir a los norteamericanos a pensárselo dos veces antes de hacer
cualquier intento de aplicar la Doctrina Monroe en Sur América”.[36]
Los colonos alemanes de Sudamérica fueron alentados a preservar su
nacionalidad, su lenguaje, el estilo de vida alemán, y el interés en la
“madre patria”. Así han venido a existir, especialmente en Brasil,
Estados dentro de los Estados. Los métodos, que los alemanes usaron en
Brasil, fueron aquellos aplicados, en estricta concordancia, con los
principios expuestos por el Doctor Kapff en su folleto sobre ”las
escuelas alemanas”. En ese trabajo se encuentra el aviso preventivo que
los “alemanes del sur del Brasil tienen mejor opción en convertirse en
ciudadanos brasileños al ser éste el más rápido y seguro camino para
obtener poder político”. El doctor Kapff también alerta a sus
compatriotas de que “el peligro para el germanismo en América del Sur
procede de Norte América, y que no es sólo una cuestión de interés
comercial. ¿Va a permanecer Alemania ociosa si Norteamérica se aplica en
americanizar ese continente? Alemania no puede; ella debe proclamar,
urbi et orbi, que está determinada a mantener sus derechos en América
del Sur. Y Brasil ofrece la más boyante esperanza para el alemán y para
la extensión del germanismo “.
Las declaraciones del doctor Kapff fueron amplificadas por el doctor
Gustav Schmoller quien, enfáticamente, sostuvo que “a cualquier precio
debe desarrollarse un país alemán en el siglo XX en Brasil, [37] porque
en América del Sur los alemanes encontrarán una nueva Alemania”,¡la cual
se evidenciará como una bendición para la vieja Alemania, y será un
modelo para el mundo entero!”.[38]
Las explicaciones del doctor Paul Rohrbach, de las intenciones alemanas
en Brasil, fueron incluso más arrogantemente expresadas. Él manifestó
que “aunque los Estados Unidos posiblemente puedan evitar la adquisición
de territorios por Alemania en la América del Sur, no puede impedir la
creación de un Estado dentro del Estado, y que cuando los alemanes
hayan, finalmente, realizado esa acción, dominaran en Brasil y
gobernarán sobre las poblaciones inferiores de ese país”.
“Pero”, añadió, “debe hacerse propaganda en Alemania para popularizar la
idea y cada buen alemán debe ayudar en la tarea porque un prometedor
futuro está ubicado para Alemania en sus colonias de Sur América, y para
obtener esos fines los alemanes deben trabajar quieta, conjunta y
firmemente- de modo subterráneo”. El profesor Wolf, coincidiendo con
esta visión, expresó su opinión que “América del Sur es para los
alemanes la tierra del futuro, porque esas tierras contienen mayores
promesas para los alemanes que Europa o África”.
De aquí encontramos que, mano con mano en su camino hacia la dominación
mundial, Alemania siempre ha considerado esto como su misión,
establecer, por fuerza o por maña, grandes colonias en Sur América. Tal
como actúa hoy, Alemania siempre se ha reído a cualquier efectiva
resistencia por los Estados Unidos, consistentemente declarando a
nuestro país no ser más que, para usar palabras de un alemán, “una
heterogénea mezcla de torpe y egoísta política agresiva sin tener,
racialmente, ninguna sangre pura con la que contar” y por tanto un país
y un pueblo fácil de ser vencido, en cualquier momento, por los grandes
superhombres alemanes.
Alemania intentó a menudo conformar sus palabras con la acción. El
príncipe Solms-Braunfels hizo un verdadero esfuerzo para fundar una
colonia en Texas, a modo de avanzada de Alemania y, aunque fracasó, la
idea que impulsó su acción persistió siempre, en el ánimo alemán, como
posibilidad forjada con gran esperanza de eventual cumplimiento.
La Liga Pan Germánica consideró el consejo de sus líderes de trabajar en
silencio parcial en Sur América y así guardar un inusual sigilo en lo
referente a su acción en ese continente. Poco a poco ellos buscaron
anidar, en aquellas partes de la América del Sur que parecían favorables
al germanismo, con el establecimiento de secciones asociadas y formar
redes, en aquellas regiones, con agentes confidenciales quienes
continuaban su tarea simulando ser viajeros, maestros o agentes
diplomáticos. De vez en cuando ellos informaban de sus progresos a la
Asociación Central en Alemania. La alarmante revelación, que fue hecha
sólo recientemente, de que los consulados alemanes también habían
aportado su ayuda, a modo de hipodérmicas a través de las cuales el
maligno bacilo del germanismo fue siendo instilado en la corriente
sanguínea de los pueblos de Sur América.
En su trabajo sobre Chile, el doctor Unfold aconsejó, a los pobladores
alemanes en Sur América, “enviar a sus hijos a Alemania para ser
educados en un adecuado espíritu germánico” y que luego fuesen enviados
de vuelta para propagar y diseminar el ánimo del espíritu guerrero
alemán. “El tiempo seguramente vendrá”, él alentaba, “en que Alemania,
durante la confusión ocasionada por alguna conflagración internacional,
tendrá la oportunidad de adquirir territorios coloniales en la América
del Sur”.[39]
Testimonios y hechos, cuya veracidad está siendo cada minuto probada por
los acontecimientos corrientes, hacen obvio que las políticas alemanas
en Sur América, sus miras y también sus métodos, han sido todos, por
largo tiempo, abierta, persistente y públicamente pronunciadas por sus
líderes. Para los alemanes sus pretensiones en Sur América son,
meramente, algunas “partidas necesarias” adicionales en una larga lista
de depredaciones germanas planeadas contra la humanidad y la
civilización.
Aquí, citado ad verbatim, están las palabras de un observador de las
ambiciones alemanas en América del Sur, quién, escribiendo su análisis,
casi 40 años antes, declaró:
“Que los designios en América del Sur son asequibles sin fricción es
algo sobre lo cual el futuro sólo puede decidir. El futuro de Sur
América debe depender, ampliamente, de la Doctrina Monroe y de la marina
que está detrás de ella. Vendrá un tiempo, no tan remoto en el futuro,
cuando la penetración económica en Brasil y de otros Estados de la
América del Sur por los alemanes pueda conducir a una supremacía
política la cual, si fuese cuestionada, deba ser abandonada o disputada.
Concebiblemente, el resultado puede ser de lucha. Aunque los alemanes
bramen contra la Doctrina Monroe, como una pretensión vacía, ésta
doctrina, sin embargo, está destinada a obstaculizar el camino de
Alemania. Ya hay indicios inequívocos que los americanos han venido a
reconocer tales designios y ambiciones alemanas en Sur América. Tras la
creación de una gran flota americana, y así como de la solidaridad de
Inglaterra y de los Estados Unidos depende el destino de Sur América. Si
América grita “¡no tocar! ellos deben tener el poder para sostener su
palabra”.[40]
III. EUROPA.
Austria:
El verdadero germanismo siendo, como es, simplemente un paganismo
primitivo con algunos “refinamientos” modernos, encuentra que puede
expresarse óptimamente cometiendo verdaderos actos de violencia
barbáricos y bestiales contra pueblos inocentes y civilizados. Así, si
el germanismo prevaleciese alguna vez sobre el planeta, podremos estar
seguros que todos los medios serían tomados- ¡aunque pocas, por cierto,
son esas medidas que los germanos no hayan tomado ya!- para reavivar
cada instinto animal latente y cada rasgo depravado en el hombre.
De esta manera ha sido un designio capital de los germanos erradicar
todas y cada una de las tres principales religiones de la Tierra. No
obstante, el alemán es lo suficientemente practico para percatarse de
que no puede combatir, exitosamente, todas esas religiones a la vez con
la esperanza de emerger como lo más elevado. Pero, puesto que la
extinción de ellas era abiertamente necesaria para la propagación del
dogma alemán de odio y destrucción, los germanos concibieron su ahora
infame, frecuente y probado engaño de enfrentar primero a los creyentes
de una religión contra aquellos de otra hasta que, de un solo golpe,
ellos pudiesen dar el noqueado final contra el único adversario que
quedase. Fue en Austria donde ellos probaron primero la eficacia de su
treta, una prueba la cual, en aquel tiempo, de hecho, constituyó alta
traición organizada contra ese país.
El germanismo tuvo su nacimiento en Austria como movimiento organizado,
fundado y encabezado por un estadista austriaco, un tal Schoenerer, en
1.878. Su actividad fue más bien limitada en alcance hasta 1.898, cuando
Schoenerer se unió a Hasse; desde aquel tiempo en adelante la Liga Pan
Germánica en Berlín se convirtió en la cabeza del movimiento en Austria,
y ésta procedió enseguida a establecer una base permanente de
operaciones en aquél país.
Lo primero que se decidió fue un plan de ataque. Hasse y Schoenerer
acordaron que, si Alemania hubiese alguna vez de dominar a Austria, este
último país debía primero ser forzado a romper con Roma (con el
catolicismo romano). Para alcanzar ese objetivo los líderes decidieron a
una vía de acción indirecta. Por lo tanto ellos crearon primero, un
movimiento pseudo religioso protestante estimulado artificialmente,
comprendiendo el antisemitismo como su primario e inmediato propósito.
El alemán Hasse encontró algunos renegados, pseudo católicos (aunque
tales hombres no eran más católicos en espíritu que aquellos hombres de
cualquier religión quienes, escondiéndose detrás de un púlpito de una
iglesia, injurian contra Dios y predican el odio y la intolerancia)
miembros dirigentes del partido católico, que acuerdan actuar como
líderes de tal movimiento. No pasó mucho tiempo para que una oleada
espantosa de persecución antisemítica empezase a barrer sobre Austria,
continuando, sin disminuir en intensidad, hasta que Schoenerer y Hasse
sintieron que un suficientemente alto grado de agitación y terrorismo
había sido alcanzado. Por consiguiente ellos dirigieron sus esfuerzos
contra el Partido Católico y, a su vez, empezaron una rabiosa campaña
anti católica con su movimiento “Libre de Roma”, declarando Schoenerer
que “¡Las cadenas que nos unen a una Iglesia hostil al germanismo deben
ser rotas!” que “ningún Papismo “ y la agitación anti católica fue
estimulada por Hasse y Schoenerer a través de su introducción en Austria
de numerosos clérigos germanos, filibusteros pseudo evangélicos, quienes
eran liberalmente financiados con dinero y licor para enfilar contra los
católicos.
Aunque el éxito completo de este plan no fue alcanzado, este tuvo un
saludable efecto, el de establecer y probar la audacia y despiadada
agresividad del alemán.
Checoslovaquia:
A pesar de la fiera resistencia que encontraron ellos y sus ideas en
Bohemia, los alemanes fueron capaces de organizar varias asociaciones
auxiliares de su Liga, así como mantener su propia prensa en aquel país.
Ellos fueron además ayudados en su trabajo por la importación de
clérigos alemanes, agitadores y maestros de escuela, todos los cuales
jugaron roles capitales en la lucha para expandir el germanismo a través
de ese bravo país de libre pensamiento.
La vil faena de los alemanes no fue fácil; ellos encontraron una
denodada y decidida resistencia. Los checos lucharon contra los dementes
alemanes con esa fiera y patriótica intensidad característica de su
antiguo héroe, Hus, cuya famosa frase, “¡Nada alemán!” se convirtió en
su llamada a la resistencia y su grito de combate. De hecho la
resistencia checa fue tan intensa al germanismo que, hacia 1.900, los
dirigentes alemanes estaban prestos a declarar que el destino de su
movimiento estaba en Bohemia, y dependía sobre el resultado de su lucha
en aquel país.
Además de intentar de desarrollar sus doctrinas, los alemanes hicieron
todo lo posible para interferir el establecimiento del lenguaje checo en
Bohemia.
Es para el crédito redundante de Checo-Eslovaquia, que incluso, antes de
que se convirtiese en nación ya había luchado sola contra el dominio
germánico; abandonados a sus propios recursos, nunca hubiese sufrido
rendirse.
Holanda.
Una década antes de la última guerra mundial se percibía, como un hecho,
que el único Estado que Alemania temía era Rusia; los dos estados a los
cuales le hubiese gustado ver en dificultades entre sí eran Inglaterra y
los Estados Unidos, y que el Estado que ellos hubiesen realmente gustado
de haber absorbido era Holanda, un país libre y democrático, que odiaba
el germanismo y todos sus estrechos principios. Sin embargo, los
alemanes prosiguieron su trabajo en ese país con esa fanática terquedad
tan enclavada en su carácter.
En 1.898 una Liga General Holandesa fue formada en Holanda,
principalmente para el propósito de extender el lenguaje holandés en
Sudáfrica. No teniendo éxito apelaron a la Liga Pan-Germánica para que
les ayudasen y se encontraron, poco después, con ser completamente
apoyados por esa organización alemana. Con su aptitud para “proteger” y
“adoptar” países, los miembros de la Liga, tempranamente consideraron a
Holanda como una parte esencial e integral de Alemania y declararon que
si ellos no fuesen capaces de asegurarse Holanda con “una persuasión
pacífica”, ellos deberían hacerlo por la fuerza.
En 1.901, un escritor alemán expresó que en caso de guerra “de Alemania
no se podría esperar que considerase a los puertos holandeses como
neutrales y abstenerse de hacer uso de ellos”.[41]
Escribiendo en el Deutsche Zeitschrift, en 1.901, Kurt von Strautz
declaró que “es imposible que vanguardias del germanismo como Holanda,
Bélgica, Suiza y Austria permanezcan permanentemente fuera de los
límites de Alemania”.
Al mismo tiempo, otro alemán, sostuvo que Alemania haría bien en
asegurarse las posesiones coloniales holandesas de tal forma que
adquiriese bases navales y adicionales rutas de tráfico ultramarino,
mientras que otro sugería que las colonias holandesas eran amenazadas
por Inglaterra, los Estados Unidos y Japón, ¡y por lo tanto deben ser
“protegidas” por Alemania!
Aunque la Liga halló forma de conseguir suscitar una gran cantidad de
daño y agitación en Holanda, el germanismo fue incapaz de lograr ningún
éxito señalado en ese país, tan notorio por su gran libertad
intelectual, una libertad la cual no existió, incluso entre las clases
altas de alemanes quienes, en esa época, etiquetaban a los holandeses
“como pequeños alemanes”.[42]
Los holandeses deseaban permanecer como holandeses. Ellos se sentían
demasiado fuertes e independientes, con su propia libertad, para
necesitar o desear una protección gansteril de los brutales e
incivilizados alemanes.
Bélgica.
A Bélgica nunca se le ha considerado como nada más que un factor sin
importancia en los planes alemanes de dominación mundial. El alemán
siente que, a causa de su tamaño, Bélgica podría ser fácilmente, y en
cualquier momento, ser forzada a doblegarse a la voluntad de los
alemana. Sin embargo no ha descuidado a Bélgica enteramente y, en
realidad, él incluso adoptó algunas de tácticas diferentes de las
empleadas en otros países.
En vez de intentar todo lo posible para apadrinar el uso del lenguaje
alemán en Bélgica, los alemanes creían que su éxito en ese país
dependería en su habilidad por popularizar el lenguaje flamenco en
oposición al francés. De este modo, creando un sentimiento de
nacionalidad flamenca en Bélgica, los alemanes esperaban prevenir la
propagación de la influencia francesa y así encajar una cuña entre
Francia y Bélgica.
Sin embargo, el alemán era visto con gran recelo por la población belga
y por eso él fue forzado a conducir la mayor parte de su esfuerzo por
canales subterráneos. Él fracasó en hacer un gran avance. Pero este
fracaso no debilitó sus esperanzas para futuras realizaciones. De hecho
él estaba tan seguro que las semillas plantadas resultarían algún día en
fruición que, desde 1.901 él había ya, con su habitual desaforada
arrogancia germánica, renombrado a Bélgica como la “Marca Germánica del
Oeste”.
Dinamarca.
Al igual que con Bélgica, el alemán percibió su empresa en Dinamarca ser
tan fácil que no se molestó en usar ninguna “fineza” en su intento de
saturar al pueblo danés con su germanismo, y así, en vez de intentar
hacer la idea “aceptable” a los daneses, él apuntó a empujársela con
violencia en sus gargantas.
Nada se obtuvo de tales intentos. Los daneses podrían ser invadidos por
el ejército alemán; ellos nunca caerían víctimas de lo que los alemanes
llaman “ideales”. Porque los daneses son un pueblo civilizado e
independiente con ninguna inclinación a ser arrastrados mil años atrás a
un pasado de salvaje barbarismo.
Suiza.
El trabajo de la Liga Alemana en Suiza fue obstruido por su falta de
tacto y sus propios y estúpidos desatinos. Los propagadores del
germanismo, pasado y presente, han siempre fallado en estimar el
patriotismo, local o nacional, de cualquier pueblo al minusvalorarlos
completamente.
Cuando, por esto, los alemanes proclamaron, estrepitosa y
anticipadamente, que Suiza era meramente un anexo de Alemania; que no
tenía ninguna cultura y no podría mantener ninguna libertad propia, se
encontraron con un antagonismo de lo más intenso por parte de la mayoría
de los suizos.
Los suizos han siempre ardido en el deseo de permanecer por siempre
libres, neutrales e independientes y en todas partes al alemán se le
hizo frente con la firme declaración de: “¡Nosotros los suizos no somos
alemanes!”.
¡Y qué más vívido testimonio a este hecho puede ser ofrecido que la
moraleja recogida de la historia de Guillermo Tell, un reconocido
clásico alemán escrito por un autor alemán!
Escandinavia.
De todos los países de la Europa continental, los germanos han sido
siempre los de menor agrado en Noruega y Suecia y aunque, de tiempo en
tiempo, se han elevado voces pro-germánicas, la Liga Germánica disfrutó
de escaso éxito allí.
En vez de germanos fueron noruegos y suecos de “carácter alemán” quienes
hicieron alianza con los ideales germánicos y, siguiendo el trabajo de
tales traidores, no es para maravillarse ahora, que los alemanes fuesen
capaces de encontrar un Quisling en Noruega.
El profesor Samassa, manifestando que la futura lucha por la existencia
sería entre los alemanes, de un lado y los británicos y americanos del
otro, observó que “Suecia convergerá hacia Alemania cuanto más crezca
Alemania en poder, y es esto, por lo tanto, en interés de Alemania
preservar la independencia de Suecia. De tal forma este país será
eventualmente absorbido por Alemania”.
Esnogad
5. “Bienaventurados sean los belicistas”
EL ALMA GERMANA.
“Vosotros habéis oído cómo en los viejos tiempos fue dicho,
Bienaventurados sean los mansos, porque ellos heredaran la tierra; pero
yo os digo, Bienaventurados sean los valientes, porque ellos harán de la
tierra su trono. Y vosotros habéis oído decir, Bienaventurados sean los
pobres de espíritu; pero yo os digo, Bienaventurados sean los poderosos
en alma y en espíritu libre, porque ellos entrarán en el Walhalla. Y
vosotros habéis oído decir, Bienaventurados sean los pacíficos; pero yo
os digo, Bienaventurados sean los belicistas, porque ellos serán
llamados si no los hijos de Yahvé, sí los hijos de Odin, quién es más
grande que Yahvé”.
Así, de la Biblia del germanismo viene el Sermón de la Montaña
Germánico, como lo interpretó Friedrich Nietzsche, profeta del alma
superior, por cuya apostólica espada millones de gentes, en el año
pasado, han sido abatidas, sangrando a tierra.
Pero el mundo aún así estaba ciego. Miraba al soberbio prusiano no como
la continuación del alma guerrera alemana, desarrollada a través de las
eras, sino simplemente como un periodo transitorio de la historia
política. Porque ¿no ha sido por el espíritu de Cristo, bajo la imagen
de Amor y Hermandad, caminando por la tierra por diecinueve siglos,
ablandando los corazones de los hombres y calmando el alma de los
hombres? ¿Podrían los hombres civilizados fallar en heredar a tal
espíritu y no escucharle? En Alemania grandes catedrales albergaron la
Cruz, pero, aunque otros no lo hicieron, pensadores alemanes conocían
que ellas no albergaban sino a una gran vaciedad de alma. Porque ellos
conocían bien que los dioses germánicos de los días paganos no estaban
muertos; que ellos solamente dormían; que incluso, en su dormitar, ellos
estaban aún cargados con un fuego inflamando los bárbaros instintos de
ese pueblo.
Heinrich Heine, en 1.834, podía decir esto de Cristo en Alemania:
“Cristiandad – y este es su más sincero mérito, domó en cierta medida el
brutal ardor guerrero de los alemanes, pero no pudo extinguirlo
completamente; y cuando la cruz, ese restringente talismán, caiga hecha
pedazos, entonces romperá hasta lo último la ferocidad de los antiguos
combatientes, la frenética rabia del poseído(Beserker) de la cual los
poetas nórdicos han dicho y cantado tanto. El talismán se ha vuelto
podrido, y el día vendrá cuando éste se desmorone lastimosamente
haciéndose polvo. Los antiguos dioses de piedra se levantarán entonces
desde las ruinas olvidadas, y limpien de sus ojos el polvo de los
siglos, y Thor, con su gigantesco martillo, se levantará de nuevo y él
destrozará las catedrales góticas….cuando vosotros oigáis el pisoteo de
sus pies y el ruido de sus armas, vosotros vecinos pequeños estad en
guardia…. Puede iros mal…. No sonriáis a la fantasía de uno que se
anticipa, en la región de la realidad, el mismo arranque de revolución
que ha tomado lugar en la región del intelecto. El pensamiento precede
los hechos como el rayo al trueno. El rayo alemán es el verdadero
carácter alemán: no es muy ligero, pero retumba a lo largo un poco
lentamente. Pero venir vendrá, y cuando vosotros oigáis un choque como
nunca antes se ha oído en la historia del mundo, entonces sabréis que el
rayo alemán ha caído. A esta conmoción las águilas caerán muertas desde
los cielos y los leones, en las más lejanas inmensidades de África,
morderán sus colas y se arrastrarán dentro de sus guaridas reales. Se
desarrollará en Alemania un drama comparado con el cual la Revolución
Francesa no se verá sino como un inocente idilio. Hasta la presente todo
está quieto; aunque aquí y allá algunos pocos hombres creen un poco de
excitación, no imaginéis a esos como los actores reales de la pieza.
Ellos son solamente pequeños perros de mala casta cazándose los unos a
los otros en el círculo de arena…. hasta que en la hora señalada cuando
las tropas de los gladiadores aparezcan para luchar a vida o muerte. Y
esa hora vendrá“.
El intelecto alemán, la cultura alemana, la emoción alemana, la
industria, la economía, la política, de hecho todas las cosas alemanas
no son sino pequeños riachuelos alimentando con sus aguas el poderoso e
impetuoso caudal que es el alma guerrera alemana. De este modo, el alma
guerrera, por sí misma, llega a ser un poderoso torrente contra el cual
ningún dique puede ser construido lo suficientemente alto o lo
suficientemente sólido para resistir su embestida. Nuestro problema
entonces no es alterar el curso o represar cualquiera de los riachuelos,
sino contendiéndoles y sometiendo ese poder que ellos han producido, el
poder del alma guerrera alemana.
Mantengamos en suspenso, por unos momentos, la cuestión del muy obvio
sufrimiento que el alma–guerrera alemana ha infligido al mundo, y
examinemos esto objetivamente desde el punto de vista de su
justificación respecto a un beneficio mundial. En breve, ¿es el
alma-guerrera de Alemania, y la propagación del germanismo, de más valor
para la civilización que su coste en vidas en humanas y en libertad?
¿Obtendrá el mundo más de su perpetuación que de su extinción?
La respuesta no requiere ninguna conjetura por nuestra parte. Una vez
más, Nietzsche, en un rol de Baedeker espiritual del germanismo, no deja
ningún vestigio de duda concerniente a las mercedes alemanas. A
continuación unas citas al azar de su Ecce Homo:
“Por donde Alemania se extiende corrompe la cultura…. Cada gran crimen
contra la cultura cometido durante los últimos cuatro siglos moran en la
conciencia alemana…. Los alemanes incurrieron en la responsabilidad por
todo lo que existe hoy en día - la insalubridad y estupidez que se opone
a la cultura, la neurosis del llamado nacionalismo, del cual la Europa
sufre.… los alemanes han robado a la propia Europa de significado e
inteligencia y la han conducido a una calle ciega…. En la historia del
conocimiento los alemanes son representados sólo por dudosos nombres,
ellos han producido sólo “estafadores inconscientes”. “El intelecto
alemán” es mal aire, una suciedad psicológica que se ha vuelto ahora
instintiva- una suciedad que en cada palabra y en cada gesto traiciona
al alemán. ¿Y si un hombre no es puro como puede ser él profundo? Ud. no
puede nunca atisbar su (el Alemán) profundidad, ellos no tienen ninguna;
y esto lo concluye…. El alma alemana es pequeña y baja”.
No hay nada que añadir a esas palabras. El mito del intelecto y la
cultura alemana explota bajo las manos de su más sobresaliente producto.
La proclamada cultura alemana no es digna ya de su precio o de cualquier
otro.
Sin embargo, ¿hay aún alguna excelente característica acerca de los
alemanes que no entendamos? Hace más de una generación, el moderno
historiador americano, Charles Francis Adams, inquietado por esta
cuestión, emprendió su examen.
“Sospechando en mi propio caso (que yo no pensase como un alemán) yo he,
de poco tiempo a esta parte, confinado mis estudios sobre este tópico
casi exclusivamente a las fuentes alemanas. Yo he estado tomando un
curso sobre Nietzsche y Treitschke, y también en la “Denkschrift”
alemana, iluminada por fragmentos de documentos alemanes en este país y
las expresiones oficiales del canciller Bethmann-Hollweg. El resultado
ha sido de lo más desastroso. Ha destruido completamente mi capacidad
para la reflexión judicial. Yo sólo puedo decir que, si lo que puedo
encontrar en esas fuentes es una capacidad para pensar germánicamente,
yo más bien cesaría de pensar completamente. Es la absoluta negación de
todo lo que en el pasado tendió a la elevación de la humanidad, y la
instalación en un lugar de un sistema de completa deshonestidad,
enfatizada por una estupidez brutal. Hay, también, una baja astucia
sobre ello la cual es para mi revulsiva en grado sumo”.
El germanismo nació hace siglos, su crecimiento ha sido precedido por
centurias y ha alcanzado un estado avanzado de florecimiento. ¡Hitler no
es sino un brote indicativo de que clase de “flores” puede el mundo
esperar ver, cuando éstas vengan a alcanzar su pleno florecimiento!
Porque ella no hizo ningún esfuerzo hace miles de años, para civilizarse
tal como lo hicieron sus vecinos, Alemania es hoy una intrusa entre las
naciones civilizadas. Los procesos que han necesitado miles de años a
otras naciones para incorporarlos, no pueden ser de repente absorbidos
por Alemania en una velada. Consecuentemente, la continuada existencia
de Alemania, entre ellas, la convierte en crecientemente hostil a los
mejores intereses de las naciones civilizadas.
Las deliberadas y perversas distorsiones de lo que habría sido un sano y
normal cauce de desarrollo – como en otras naciones- ahora le da, a
Alemania y a su pueblo, una capacidad no superada por cualquier otro
pueblo en la tierra, para alentar y propagar todos los preceptos
indecentes e inhumanos de la vida. Y como ella busca distribuir su
propio brebaje venenoso, ella misma se ha intoxicado tanto por sus
ingredientes, que ya no puede escapar a su incesante deseo, la urgente
compulsión y la ardiente codicia que la incita, dentro de ella, a
extinguir todos y cada uno de los signos de benevolencia que ella ve
desarrollados o practicados en otras tierras. Así, en auto
justificación, Alemania excusaría, su propia innatural y perversa
conducta, manchando a otros con su maligna infección. Alemania está
ahora más allá de toda salvación. El mundo haría mejor por mirar por su
propia preservación y bienestar, ¡no sea que algunos de esos venenos
alemanes recorran también su sistema y vengan a destruirlo!
Con cada sucesiva guerra mundial que ella planea, urde y empieza,
Alemania se aproxima, cada vez más y más, a su meta de dominación
mundial. En los momentos actuales Hitler, que se ha esforzado meramente
en remediar los errores, que los líderes alemanes precedentes hicieron,
en su intento de sometimiento mundial, puede llevar al pueblo alemán muy
cerca de realizar su objetivo. ¡Y Hitler no es el último de los Führers!
Cuánta miseria, sufrimiento, muerte y destrucción serán necesarios antes
que llegue a ser patente al mundo que ningún compromiso con Alemania
será, por sí mismo, una garantía segura para que, inmediatamente
después, Alemania no pueda embarcarse en su cruzada para dominarlo.
¿Cuántas ocasiones más serán concedidas para combatir a Alemania?
¿Suponed que venga un tiempo en el cual Alemania no pueda ser contenida?
¿Nos atreveríamos a correr el riesgo de esperar? Uno nunca sabe cual es
la hora exacta que nos ha sido dada para morir; ¿podemos nosotros, con
una certitud y seguridad mayor, decir cuál será nuestra última
oportunidad? Bien pueda ser que ésta sea nuestra última oportunidad.
Suponed que la sorteemos; miremos hacia delante. La próxima vez, la así
llamada generación mayor de Alemania será la entrenada juventud
hitleriana de hoy, y esta generación mayor, ahora padres y madres,
habían ya inculcado y animado a sus hijos con la idea de dominación
mundial. De este modo ¡el próximo Führer puede venir a dirigir una
nación de fanáticos de nacimiento! Como una consecuencia de esto allí
podría venir a ser forjada una máquina, tan gigantesca en proporciones,
tan opresiva en poder destructor, que ella podría bien superar cada uno
de los posibles obstáculos en su camino. Porque, ciertamente, la
juventud alemana de la próxima generación – hoy instruida en las
escuelas del Führer – encontrará un líder, como las generaciones pasadas
de la juventud alemana siempre lo han encontrado, para encarnar y
personificar el cuerpo y alma de esa nación y dominar su voluntad
colectiva. Un líder que alimentará el cuerpo y alma del alemán con el
único alimento del cual pueden subsistir: ¡Guerra!
Esnogad
6. ¿Un Término medio?
CON EL GERMANISMO expuesto así, como la verdadera alma de conquista y de
dominación mundial, ¿no podríamos entonces plantear esta cuestión: Es
posible para el mundo, de cualquier modo, encontrar una fórmula de
compromiso que permitiera, tanto al mundo como a Alemania, existir lado
a lado en paz y justicia? En términos concretos, si fuese declarada la
paz mañana a Alemania para su satisfacción aparente ¿podría esperarse de
esta nación, nacida y nutrida en la sangre, ser apaciguada por más
tiempo que el inmediato futuro?
Nos gustaría esperar esto, pero la historia de esta nación corta la
esperanza en nuestros corazones.
La mayoría de la gente pretende que Hitler sólo se interpone entre la
guerra y la paz. Pero ¿es sólo Hitler quién destrozó Austria,
Checoslovaquia, Holanda, Polonia, Noruega, Bélgica, Francia y los países
balcánicos? ¿Es Hitler sólo quién tortura y oprime a esos pueblos?
Asumamos, por motivos argumentales, que Hitler no está ya y que el mundo
esta buscando una justa paz con Alemania. Rápidamente descubrimos que
Alemania de nuestros sueños no es la Alemania de nuestra espantosa
realidad.
Porque, en primer lugar, no vive ya en Alemania la así llamada “antigua
generación” con la cual se podría tener razonable trato. Este lastimero
puñado de personas se ha ido y olvidado y en su lugar se yerguen esas
legiones de camisas pardas cantando el glorioso himno triunfal del Horst-Wessel:
¡Hoy Europa, mañana el mundo entero! ¿Ilustrada razón con pervertidos
cantantes de un canto fúnebre mundial compuesto por un borracho, escrito
en un burdel y dedicado a un alcahuete?
¿Qué fue de la democrática Alemania?
¿Democracia para una nación que ha destruido un poderoso pueblo, de
cerca de 30 millones de polacos, con el epíteto “tal raza de siervos no
tiene ninguna existencia”?¿Democracia para un pueblo que cree sólo en la
superioridad, no en la igualdad?
Bien entonces, ¿desmembremos a Alemania en pequeños estados autónomos?
¡Disparate!
El Pan germanismo que ha recibido ciega alianza en Berlín de cada
alemán, independiente de lo remoto de su nacionalidad, no podría
resistir en un corto plazo una arbitraria y débil barrera a sus sueños.
¿Reesculpamos el mundo y demos a Alemania una parte con lo cual el mundo
y ella convengan con que le es justo y debido?
Alemania nos ha dado ya su respuesta:
“Alemania no quiere una parte de nada. ¡Ella quiere, ella exige todo o
nada!”
¿Reeducar a la generación más joven?
Incluso, si fuese tal vasto programa puesto en acción, es altamente
dudoso si valdría la pena el esfuerzo o alcanzar su objetivo. El alma es
una fuerza más grande e infinitamente más poderosa que el cerebro. Y las
características marciales de los alemanes están unidas indeleblemente
con su espíritu y se ha vuelto una parte integral de su alma. Algún día
el alma guerrera volvería a dominar su cerebro.
Una solución final: ¿dejar a Alemania para siempre administrada por una
fuerza armada internacional?
Aun si esa enorme empresa fuese realizable la propia vida no la tendría
así. Como la guerra engendra la guerra, la supresión engendra la
rebelión. Inopinables horrores se desarrollarían.
De este modo encontramos que no hay un término medio; ningún acto de
mediación, ningún compromiso para arreglarlo, ninguna participación
política o económica a ser considerada. No hay, en resumidas cuentas,
ninguna otra solución excepto una: ¡Que Alemania debe perecer para
siempre de este planeta!
Y, afortunadamente, tal como ahora vamos a venir a ver, esto no es ya de
imposible consumación.
7. MUERTE A ALEMANIA.
Cuando un individuo comete un asesinato premeditado, debe estar
preparado para perder su vida en consecuencia. Cuando una nación comete
un premeditado asesinato a otras naciones, debe estar preparada a perder
su propia vida nacional. En este punto las leyes del hombre y de Dios
son explícitas:
“Ojo por ojo, diente por diente, y vida por vida”
Pero ¿Qué es la ley del hombre o de Dios para Alemania?
Nada.
Ella sólo reconoce la ley alemana; así sea pues.
Debe ser pues una ley alemana, si hay tal ley, la cual decrete su
castigo- la pena de muerte.
Y hay una tal ley alemana que decreta esta muerte a ella:
“Como en todos los asuntos humanos, debe estar también, en cada sistema
de castigo, un último límite, un non plus ultra, que ningún castigo
puede sobrepasar. Así, incluso, desde el punto de vista de la pura
teoría, la necesidad de la pena capital es postulada; esto es, como el
último castigo en la tierra, la indispensable piedra clave de todo
ordenado sistema de leyes en lo criminal. Ninguna de las razones
aparentes, que son alegadas en contra esto, pueden sostenerse ante una
seria crítica. El Estado, el cual tiene el derecho de sacrificar, para
su propia protección, la flor de la juventud, ¿debería sentir una tan
delicada consideración para con la vida de un asesino? Debemos mas bien
permitir al Estado el derecho de deshacerse de hombres que son
indudablemente perniciosos para el bien público. Que los poderes que lo
sean deben llevar la espada, es una expresión que corre profundamente en
la sangre del hombre honesto; si esta verdad está para ser desterrada
del mundo, gran daño se hace al sentimiento moral puro del pueblo. Los
problemas finales de la vida moral son para ser resueltos en el ámbito
de lo práctico, no en el teórico de la razón. La consciencia de cada
hombre sincero exige que la sangre se expíe por la sangre, y el hombre
común puede simplemente incrementar su duda de la existencia de la
justicia en la tierra, si este último y castigo máximo no es infligido.
El Estado se hace ridículo y despreciable a sí mismo si él no puede
disponer de un criminal. “Debe haber un límite para la misericordia y la
indulgencia, y para la ley, un último límite al cual el Estado dice:
‘Este es el final, la benignidad no es ya posible aquí’. Debe ser
posible infligir por último un castigo más allá del cual no hay nada, y
este es el castigo de la muerte” (Heinrich von Treitschke).
¡Dejad que sea hecha la voluntad alemana!
*****
Ahora no queda sino determinar el mejor método, la más práctica y
expedita manera, con el cual deba ser arrasada la nación alemana. Y
entiéndase bien, la masacre y la ejecución al por mayor debe ser
descartada. Además de ser impracticable, cuando se la aplica a una
población de unos 70 millones, tales métodos son inconsistentes con la
obligaciones morales y prácticas éticas de la civilización. No queda
entonces sino un sólo modo de desembarazar al mundo, para siempre, del
germanismo- y esto es detener la fuente de la cual nacen esas almas
incontinentes de guerra, impidiendo al pueblo alemán reproducirse para
siempre en su especie. Este método moderno, conocido por la ciencia como
Esterilización Eugenésica es a la vez práctica, humana y completa. La
esterilización se ha convertido en un proverbio de la ciencia, como el
mejor método para la raza humana de deshacerse de lo que le sienta mal:
los degenerados, dementes, el criminal hereditario.
La esterilización no debe ser confundida con la castración. Es una
operación segura y simple, completamente inocua y sin dolor, que ni
mutila ni priva del sexo al paciente. Sus efectos son, lo más a menudo,
menos penosos que la vacunación y no más graves que una extracción
dental. También, la operación es extremadamente rápida, requiriendo no
más de 10 minutos para completarla. El paciente puede reemprender su
trabajo inmediatamente después. Incluso, en el caso de la hembra, la
operación, aunque más prolongada, es tan fácil como simple. Realizada
miles de veces, ningún historial indica casos de complicación o muerte.
Cuando uno se percata que medidas sanitarias, como la vacunación y los
tratamientos de suero, son consideradas como un beneficio directo para
la comunidad, ciertamente la esterilización del pueblo alemán no puede
ser considerada sino como una gran medida, promovida por la humanidad,
para inmunizarse a sí misma, para siempre, contra el virus del
germanismo.
La población de Alemania, excluyendo territorios conquistados y
anexados, es aproximadamente de 70.000.000, casi igualmente dividido
entre varones y hembras. Para alcanzar el proyecto de la extinción
germánica sería necesario esterilizar a unos 48.000.0000-una cifra que
excluye, a causa de la limitada capacidad para procrear, a machos de más
de 60 años de edad y a hembras de más de 45 años.
Con respecto a los varones, sometidos a esterilización, los grupos del
ejercito, como unidades organizadas, serían los más fáciles y rápidos en
tratar. Tomando 20.000 cirujanos, como cifra arbitraria y en la asunción
de que cada uno de ellos conseguiría un mínimo de 25 operaciones
diarias, no se tardaría más de un mes, a lo más, para completar su
esterilización. Naturalmente cuantos más médicos disponibles, y muchos
más de los 20.000 que mencionamos estarían disponibles, considerando
todas las naciones involucradas, menos tiempo sería necesario. El
finiquito de la población masculina podría ser despachado en tres meses.
Considerando que la esterilización de las mujeres necesitaría algo más
tiempo, se podría estimar que la entera población de hembras de Alemania
podría ser esterilizada en un período de tres años o menos. La
esterilización completa de ambos sexos, y no sólo uno, se considera
necesaria en vista de la presente doctrina alemana de que una sola gota
de genuina sangre alemana constituye a un alemán.
Desde luego, después de la completa esterilización, cesará la tasa de
nacimientos en Alemania. Con una tasa normal de defunciones del 2%
anual, la vida alemana disminuiría en 1.500.000 vidas anualmente. Por
consiguiente, en un lapso de tiempo de dos generaciones, que cuesta
millones de vidas y siglos de esfuerzos inútiles, a saber, la
eliminación del germanismo y sus portadores, habrá sido un hecho
consumado. Porque en virtud de la pérdida de la auto perpetuación la
voluntad alemana se habrá atrofiado y el poder germánico será reducido a
uno sin importancia.
Repasando el anterior caso de esterilización, encontramos que varios
factores, resultantes de él, firmemente establecen su conveniencia.
Primeramente, ningún dolor físico será impuesto a los habitantes de
Alemania por su aplicación, un tratamiento decididamente más humano que
el que ellos se habrán merecido. En realidad no es inconcebible que,
después de la derrota alemana, los pueblos de Europa pudiesen exigir una
venganza marcadamente menos humanitaria que la mera esterilización.
Segundamente, la ejecución del plan no desorganizaría, en modo alguno,
la población actual ni causaría ninguna sublevación masiva o
dislocaciones repentinas. La consecuente gradual desaparición, de los
alemanes de Europa, no dejará más efectos negativos a ese continente
que, la que causó aquí, la gradual desaparición de los indios en el
nuestro.
Aquí de nuevo, un alemán atestigua a este punto, la famosa obra de
Spengler: “Una nación o un individuo puede morir y no dejar ningún
vacío”.
*****
Un detallado programa de la manera con la cual las ultrajadas víctimas,
del ataque germánico, podrían hacer seguro, que Alemania no deje ningún
vacío, podría ser propuesto hipotéticamente:
Alemania ha perdido su guerra. Ella pide la paz. La imperiosa exigencia
del pueblo vencedor: que Alemania debe perecer para siempre, hace
obligatorio para los líderes seleccionar la esterilización masiva de los
alemanes como el mejor medio de barrerlos permanentemente. Ellos
proceden a:
1º. Inmediatamente a desarmar al ejército alemán y a tener todo el
armamento suprimido del territorio alemán.
2º. Colocar todos los servicios, y las plantas de industrias pesadas,
bajo fuerte custodia y reemplazar a los trabajadores alemanes por los de
procedencia aliada.
3º. Segregar al ejército alemán en grupos, concentrarlos separadamente
en zonas severamente restringidas y esterilizarlos sumariamente.
4º. Organizar la población civil, machos y hembras, en sectores
territoriales y llevar a cabo su esterilización.
5º. Dividir el ejército alemán (después de que su esterilización haya
sido completada) en batallones de trabajo, y distribuirlos en servicio
de la reconstrucción de aquellas ciudades que ellos devastaron.
6º. Desmembrar a Alemania y repartir sus tierras. El mapa adjunto (al
final del libro) da cierta idea del posible reajuste de territorio, que
puede ser hecho, en relación con la extinción de Alemania.
7º. Restringir a todos los civiles alemanes el viajar, más allá de las
demarcaciones establecidas, hasta que toda la esterilización haya sido
completada.
8º. Compeler a la población alemana de los territorios repartidos a
aprender el lenguaje de su área, y en un año cesar la publicación de
todos los libros, periódicos y noticias en lenguaje alemán, así como
restringir la emisión radiofónica del lenguaje alemán y suspender el
apoyo de escuelas germano parlantes.
9º. Hacer una excepción, a la severamente estricta compulsión de total
esterilización, con la exceptuación de tal tratamiento sólo a aquellos
alemanes cuyos parientes que, siendo ciudadanos de las diferentes
naciones vencedoras, asuman la responsabilidad para su emigración y
manutención así como la responsabilidad moral por sus actos.
Así, en un olvido, en el cual ella habría visitado en este mundo, existe
Alemania.
8. “Para que no olvidemos….”
TAL VEZ EN EL FUTURO….
Estados Unidos entró en la guerra. La lucha es larga y cruel pero al fin
los aliados se abren camino. Sus ejércitos rodean Alemania.
Alemania se percata que ha perdido de nuevo. No quiere ser invadida.
Teme la venganza largamente merecida. Así que pide la paz. ¡Que haya
armisticio!
E inmediatamente después, como una vez antes, Alemania encuentra que las
palabras: “Humanidad” – que ella ha degradado; “Justicia” que ha
retorcido; y “Dios” a quién ha profanado; tienen un irresistible
atractivo de venta para los estadistas aliados.
Alemania pone su máquina de propaganda a trabajar.
Pronto hay hombres en las naciones vencedoras que urgen:
“¡Paz con Honor!” – “¡Justicia sin rencor!” – “¡Dios y misericordia!”, y
todas esas otras débiles, pegajosas frases, que enturbian las mentes
cansadas, y las exhaustas emociones por el prolongado sufrimiento de las
gentes, en las democracias, diezmadas por la guerra.
Olvidados, en una borrachera repentina, que esa paz no es una paz, están
todos los valientes hijos que fueron sacrificados al monstruo de
Alemania. Olvidado ya el apuro de los países cuyos recursos fueron
disipados y cuyas energías fueron minadas en la contención del furioso
ataque Teutónico. Olvidada, también, es la obligación debida a las
generaciones aún por nacer. Olvidado, como en 1.918, es el día de la
llegada del nuevo líder alemán.
Sí: todo olvidado, porque los Aliados no pueden resistir una apelación
semejante. Y así, aunque cientos de años y cientos de ejemplos han
demostrado la hipocresía de una promesa alemana, los Aliados caen otra
vez como victimas.
¡Ellos olvidan que la lucha que llevaron a cabo no fue una competición
deportiva: que su adversario era una bestia, y no un ser humano! Y así,
repletos a rebozar, con el infeccioso germen de sentimiento, ellos
tienden la mano a su oponente caído y le ayudan a levantarse.
Ellos le dan un golpecito en la espalda con un sentido entrañable
“¡Ningún rencor, viejo!” y, feliz, con que la guerra ha terminado y
concluido, vuelven a sus casas.
Creyendo, sinceramente, que la guerra alemana no se iniciará de nuevo.
Creyendo que, de algún modo, de una manera inexplicable, Alemania ha
aceptado a Cristo.
Una década pasa. Una década de arduo trabajo y de muchos sacrificios.
Una década de mucho sudor y poco gozo.
Pero los pueblos democráticos no lo toman en cuenta. Están construyendo
un mundo mejor para sus hijos.
Así lo piensan.
*****
Mientras tanto, Alemania incrementa su fuerza y robustez.
Sus ejércitos son más grandes y más poderosos que nunca antes; ha
desarrollado nuevas armas cuyo espanto sobrepasa toda imaginación. Ha
encontrado un nuevo líder. Y su pueblo aguerrido esta proclive a
conquistar el mundo.
¿Una vez más la tierra tiembla debajo de las botas alemanas.
Como una cobra Alemania está suspendida.
¡Ella golpea!
Los pueblos de las naciones civilizadas están aturdidos.
Ellos exclaman: “¡Pero no puede ser otra vez!”
Pero es así.
¡Y esta vez es Demasiado Tarde!
Porque Alemania gana. Ella es la Dama del mundo.
…. ¡Y así, un milenio de paz fue vendido al diablo por un momento de
respiro! ¡Y sólo porque hombres intentaron aplacar el cuerpo, en vez de
destruir para siempre la bestial alma guerrera de los germanos!
El sol ahora se estremece, al levantarse sobre un sombrío mundo.
Porque esclavos de los alemanes son los niños otrora libres.
No hay más civilización. La perversidad es furor rampante.
Incluso la luna se estremece, al decrecer en un espantoso escalofrío.
Esto es, finalmente, “Deutschland Ueber Alles”.
¿Ocurrirá esto así?
Nuestra elección está ante nosotros:
O falsos sentimientos o valerosa decisión.
¿Cuál será ésta?
Lo que la prensa dijo de este libro:
******
UNA IDEA SENSACIONAL.
Times Magazine.
******
UNA TEORÍA PROVOCATIVA INTERESANTEMENTE PRESENTADA.
Washington (D.C.) Post.
******
UN PLAN PARA LA PAZ PERMANENTE ENTRE LAS NACIONES CIVILIZADAS.
New York Times.
******
FRANCAMENTE PRESENTA EL ESPANTOSO FONDO DEL ALMA NAZI.
Philadelphia Record.
--------------------------------------------------------------------------------
[1] Carlos Mª Idígoras. Los Libertadores USAS. Página 615.
[2] Twilight Struggle. Random House 1.967, página 222.
[3] Carlos Idígoras “Los Libertadores USAS” página 613.
[4] Claude Julien “ El imperio Americano “ página 61.
[5] Claude Julien ídem página 66.
[6] Carlos María Idígoras. “ Los Libertadores USAS” página 558.
[7] Hans Ubrich Wehler. Der Aufstieg des Amerikanischen Imperialismus.
[8] Theodore N. Kaufman “Alemania debe Perecer” pagina 7.
[9] Ídem página 24.
[10] Ídem página 26.
[11] “Alemania Debe Perecer” páginas 24 y 26.
[12] Ídem pagina 10.
[13]Ídem página 14.
[14] Ídem página 19.
[15] Ídem página 16.
[16] James Bacque “Crimes and Mercies” página 130. Y “Other Loses”
páginas lix, 129, etc.
[17] The Great Enigma: Bourdon.
[18] Senador Ernest Lundeen: “Seis hombres y la guerra”- 11 de Julio de
1.940.
[19] Así habló Zaratrustra: Friedrich Nietszsche.
[20] Die Politik: Heinrich von Treitschke.
[21] Geschichte des Untergangs der Antiken Welt: O. Seeck.
[22] Deutsche Geschichte: Lamprecht.
[23] Unsere Muttersprache: Prof. Weise.
[24] Geschichte des alldeutschen Verbandes: Otto Bonhard.
[25] Alldeutsche Blätter: 1.894.
[26] Lo mismo que la nota 4.
[27] Liga Pan Germánica: Wertheimer.
[28] Zwecke und Ziele des Alldeutschen Verbandes: Adolf Lehr.
[29] Grossdeutschland und Mitteleuropa um das Jahr 1.950.
[30] Germania Triumphans: Von einem Grossdeutschen, Berlin, 1.895.
[31] Die Abrechnung mit England: Karl Eisenhart.
[32] Doctrina Pan Germánica: Austin Harrison.
[33] Deutschland unter den Weltvölkern: Dr. Paul Rohrbach.
[34] Alldeutsche Bläter, 17 de enero de 1.903.
[35] Das Deutschtum in den Vereinigen Staaten: Dr. Julius Goebel, 1.904.
[36] Die Nation, 5 de marzo de 1.898.
[37] Handels und Machtpolitik.
[38] Eine kritische Stunde in der Entwicklungsgeschichte unseres Volkes:
Heinrich F. Suksdorf.
[39] Das Deutschtum in Chile, Munich, 1.899.
[40] Pan-Germanic Doctrine: Austin Harrison.
[41] Grenzboten 25 de Julio 1.901.
[42] Die Alldeutsche Begegung und die Niederlande: Fritz Bley, 1.897.

