|
Marta F. Sánchez, funcionaria de prisiones, sostiene que hay compañeros
suyos que vulneran los derechos de los presos.
"Son pocos, pero tienen mucha fuerza", afirma.
MONTSE
MARTÍNEZ
BARCELONA
Todavía recuerda, como si fuera hoy, lo que le dijo otra funcionaria el primer
día de su trabajo en prisión, hace nueve años: "Todo lo que entra en la
cárcel es mierda y como mierda hay que tratarlo".
Marta F. Sánchez, de 44 años, funcionaria de prisiones, nunca trató a los
presos así. "Simplemente, me dirigía a ellos de forma normal",
explica. Y le costó caro.
Empezó a trabajar como funcionaria de prisiones por necesidad. Recién separada
y madre de un bebé, necesitaba trabajo.
Siempre ha estado en la prisión de Brians, primero
interina y luego con plaza, con la tercera mejor nota de Catalunya
en la oposición. "Entré con ilusión, dispuesta a volcarme en un trabajo
que, para mí, tiene un claro componente social", explicaba ayer,
mientras se hacía cruces de su inocencia.
Casi una década después, se encuentra de baja, desde enero del 2003. Cuando
empezaba a levantar cabeza tras una profunda depresión, fruto --asegura-- de la
situación de acoso y derribo que sufría en su trabajo, enfermó de cáncer de
mama. Mientras acaba de recuperarse, asiste como observadora a la crisis que
vive el sistema penitenciario catalán tras las denuncias de maltrato de varios
presos participantes en el motín del Quatre Camins
del pasado 30 de abril.
""En la cárcel, se maltrata, claro que se maltrata",
explica para, enseguida, hacer un matiz que considera importantísimo: "Los
maltratos no son sólo pegar a los presos. Se hace la vida imposible de muchas
formas".
Respaldo sindical
Pero Marta enseguida quiere dejar clara otra idea fundamental: "Del
colectivo de 3.000 funcionarios de prisiones en Catalunya,
el llamado núcleo problemático no lo integran más de 100". "Son
pocos, pero tienen mucha fuerza porque cuentan con el respaldo sindical",
añade Marta, que asegura que el grueso del colectivo lo constituyen personas
honradas con hipotecas que pagar que no quieren ningún problema.
La funcionaria de baja define el calificativo de funcionario problemático:
constante hostilidad hacia el interno, prepotencia, humillación y, en algunos
casos, golpes.
Le viene a la memoria la frase de otro compañero, grabada en su conciencia como
la primera que oyó: "Yo nunca pegaré a un preso, pero no diré nada si
otro lo hace".
Esta actitud, según esta funcionaria, debe cambiar para que los que manchan el
nombre de todo el colectivo sepan que no son los dueños en las cárceles. Pero,
hoy por hoy, señala Marta, parece imposible.
"El corporativismo es salvaje", dice para añadir: "La
Administración convergente siempre dejó claro que cualquier funcionario que
denunciara a un compañero por prácticas irregulares con reclusos sería
abandonado a un acoso laboral brutal". "Ya les iba bien
--asegura-- tener las cárceles controladas, en manos de funcionarios con
prácticas totalitarias".
Ahora, Marta F. Sánchez tiene constancia de que el nuevo Govern
se ha interesado por las personas que, como ella, están de baja por haber
padecido mobbing mientras prestaban su trabajo
en las cárceles. Ella, con toda probabilidad, tendrá un destino fuera de los
centros penitenciarios. "Ya era hora de que la Administración actuara
con un poco de honestidad", explica Marta.
Formación específica
Ella creía y, pese a lo que ha vivido, todavía cree en la reinserción de los
presos porque sabe que hay casos en los que, realmente, es posible. "Hablar
de reinserción en la cárcel es tabú porque son pocos los funcionarios que creen
en ella y los que creen no se atreven a decirlo", dice. Por eso, según
ella, es tan importante el planteamiento del nuevo Gobierno, que aboga por dar
una formación específica a los funcionarios.
Además, Marta niega de forma tajante la farsa difundida de que los funcionarios
de las prisiones de Catalunya, la única comunidad
autónoma con competencias, son más progresistas que los del resto de España. "Una
farsa", dice.
|