EL MUNDO, 10/5/2002

LA CÁRCEL DENTRO DE LA CÁRCEL

 

Un informe revela que el 78% de los 800 reclusos de aislamiento que hay en las prisiones españolas dice que sufre malos tratos.

ENCERRADOS. En España existen en torno a 800 presos de régimen de primer grado, la estancia en prisión lo más dura posible. ¿Cómo es su vida? A la pregunta responde el informe: Mirando al abismo: el régimen cerrado, una investigación comenzada en febrero del año 2000 por los profesores de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Julián Carlos Martín y Pedro Cabrera Cabrera. El trabajo está basado en las propias respuestas de los presos por delitos comunes (los internos por terrorismo prácticamente no participaron en la encuesta). Los autores señalan que “el régimen de primer grado es incompatible con la dignidad de la persona” y reclaman a Instituciones Penitenciarias su modificación.

“Cuando el fuego se combate con el fuego todo se torna cenizas” (Mahatma Gandhi)

PEDRO SIMÓN

MADRID

Póngase en lo peor. Imagínese una celda de nueve metros cuadrados donde el retrete está al lado de la cabecera de la cama, una especie de plancha de hormigón sobre el que hay un colchón de gomaespuma. Apenas hay luz. Cierre los ojos y eche un vistazo: por el ventanuco enrejado se ve un muro gris.

Póngase en lo peor. Imagine que sólo puede salir tres horas al día y que no hay nada con qué entretenerse. Por la noche le suelen despertar golpeando los barrotes de la celda, el suelo semiencharcdo con el agua ya sucia de la ducha. Y le enfocan con una linterna. Día tras día. Semana tras semana. Año tras año. La mitad de la vida enjaulado.

“Estoy muy enfermo de los nervios (alta tensión, pérdida del vello corporal, desmayos) me dan nueve pastillas para que me tranquilice pero me tienen 21 horas chapado. Cuando exploto lo hago muy violentamente”.

“Según las mentiras que dijeron de mí soy un inadaptado, pero yo me pregunto: ¿quién en su sano juicio puede adaptarse a esto?”

“Aquí encerrados como animales, pasamos el día mirando el abismo”.

Bienvenido a lo peor. A la cárcel dentro de la cárcel, ahí donde el Estado mete a los más inadaptados, a los que da por perdidos. Hablamos de los internos en régimen de primer grado, los presos invisibles, tan tangibles como un fantasma que nadie ve, apenas unas horas al día sin estar “sepultado en el ataúd”, en expresión de uno de ellos.

Así viven y pasan el día 800 de los 50.000 reclusos que hay en España. Nos lo cuentan ellos, de su puño y letra, en el informe Mirando al abismo: el régimen cerrado, la primera investigación realizada en nuestro país sobre su desconocida situación.

Firman el trabajo Julián Carlos Ríos Martín y Pedro José Cabrera Cabrera, profesores de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, quienes se han pasado años empeñados en sacar a la superficie lo que a casi todo el mundo se le oculta: la opinión de aquellos a quien nadie pregunta.

Ocho de cada diez presos de aislamiento dicen que sufren o han sufrido malos tratos. Casi todos dicen que son sometidos a desnudos integrales. Sólo tres de cada 10 reclusos que reclaman ayuda psiquiátrica la reciben... Valga el símil automovilístico: lo que debería ser un taller de reparación de coches es un desguace inmisericorde, los coches salen peor de pintura, peor de motor que cuando entraron, la carrocería oxidada. Otra prisión es posible, vienen a decir en el informe.

“El régimen de primer grado supone la renuncia más explícita y grosera posible hacia la reinserción social y la reeducación que impone la Constitución”, escriben los autores del libro al hilo de este cementerio para vivos. “De entre todos los espacios segregados (manicomio, hospicio, asilo, etcétera) la cárcel es, sin duda, el lugar privilegiado en el que la exclusión social se quintaesencia y condensa hasta sus últimas consecuencias. Por su misma naturaleza, el encarcelamiento consiste en una exclusión”. Este “archipiélago carcelario en su versión más dura e inhumana”.

Los malos tratos

“He sido vejado y golpeado desnudo en con una manta mojada encima, me han llegado a escupir el la cara, inclusive mearme estando por completo atado a una cama de pies y manos... En una de estas ocasiones me llegaron a poner una soga al cuello esposado manos atrás subido en una silla”.

El 78% de los encuestados dice que ha sufrido malos tratos desde que está recluido en primer grado. Otro 6% prefiere no contestar. Entre los tipos de tortura descritos, un 62% de los internos denuncia palizas, un 43% cita también haber estado esposado a la cama durante varios días.

“La existencia de malos tratos físicos y/o psicológicos en las cárceles, y en particular en los departamentos de aislamiento es, lamentablemente, una realidad”, concluye la investigación. Ruleta rusa de la Justicia, les estadísticas reflejan que los funcionarios únicamente son condenados en un caso de cada 100.

La celda y el patio

Como promedio, la celda de un preso en régimen cerrado tiene 4,1 metros de largo por 2,3 de ancho, lo que da un jergon-promedio de 9,43 metros cuadrados de superficie total. Sólo el 15,8% goza de buena iluminación y un 40% carece de calefacción

La humedad es una constante en el primer grado. La razón no puede ser más simple: en más de la mitad de las celdas no hay cortina en la ducha para evitar que el agua encharque el suelo.

“Cuando nos sacan al patio nos sacan de uno en uno y cada vez que salimos de la celda somos esposados hacia la espalda, en compañía de diversos carceleros que van esgrimiendo las defensas de goma (porras) en las manos en plan amenazante e intimidatorio”.

En los patios de la prisión, la lluvia y el sol caen a plomo. No hay un tejado donde cubrirse, no hay un asiento donde descansar. Sólo un mar de cemento siempre en calma. “Para estos presos”, se lee en la investigación independiente, “el patio suele ser un elemento que intensifica aún más la sensación de aislamiento y encierro. Para empezar, se suele encontrar enrejado por el techo, con lo cual el sentimiento de estar enjaulado es inevitable”.

La asistencia médica

Olvidados a su suerte, el 70% de los internos de régimen cerrado que reclaman ayuda psiquiátrica no la recibe. Casi la mitad de los adictos a la droga carece de tratamiento.

Según la legislación vigente, la visita médica se hará mediante el sistema de “abrir poco” y con la compañía de un funcionario. ¿Es posible auscultar a distancia? “Es difícil de comprender cómo se puede hacer un examen médico a través de una trampilla de la puerta de la celda”, indican los autores del trabajo. “Es imposible que una exploración facultativa y el consiguiente diagnóstico puedan hacerse a distancia”.

Los cacheos y los recuentos

El lugar con menos intimidad del mundo carcelario está precisamente aquí. El 98% de los presos ha sido sometido a cacheos de desnudo integral.

A pesar de que la legislación señala que al recluso debe ofrecérsele una bata, sólo el 4% dice que se cumplió el procedimiento. Las celdas son registradas a diario o semanalmente en la mitad de los casos. Tal y como relatan los encuestados, los recuentos nocturnos son una constante en el desquiciante día a día del primer grado.

Dos de cada tres personas en este régimen sufre visitas nocturnas de forma regular. Lo más normal es que haya varias por la noche. Llega un funcionario enfocando con una linterna y golpea los barrotes haciendo ruido. El recluso ha de moverse para demostrar que está ahí. A veces es obligado a ponerse de pie.