LA VANGUARDIA, 2/5/2004
PRISIONES CATALANAS SIN GOBIERNO
Tensión en la cárceles: cuatro horas de angustia
Los funcionarios denuncian la falta de mandos con autoridad y experiencia.
El Departament
de Justicia admite que deberà realizar cambios estructurales
y mejorar tanto el “trato humano” de los internos como las “condiciones de
vida de los funcionarios”.
Javier Ricou
LLEIDA - BARCELONA
Los papeles se invirtieron el viernes en el modulo 1 de Quatre Camins. Se perdió la capacidad de mando, es lo peor que puede pasar en una prisión. Lo ocurrido en el penal de la Roca del Vallès es consecuencia, coincides en afirmar los funcionarios de diferentes cárceles catalanas, de la falta de gobierno e incapacidad de mando de los centros penitenciarios. El propio Departament ha admitido que algo falla en el sistema. Su titular, Joseph Maria Vallès, anunció la madrugada del sábado medidas para que no se repitan los episodios como el vivido ayer en Quatre Camins. Ayer, las únicas declaraciones oficiales de Justicia las realizó el secretario general de Serveis Penitenciaris, Albert Batlle, que admitió con otras palabras lo que los representantes sindicales expresan con más claridad: “Deben reformarse tanto las estructuras com las políticas relacionadas con los internos”. Esto equivale tanto a “mejorar el trato con los internos como las condiciones de vida de los funcionarios”.
Los sindicatos de prisiones aplauden esta declaración de intenciones, pero parecen poco convencidos de que se vallan a solucionar los problemas que arrastra desde hace ya más de una década el sistema penitenciario catalán. “Ha cambiado el Govern pero los mandos intermedios de Instituciones Penitenciarias son los mismos que había hace diez años y los mismos que ya prometieron hace dos años, cuando hubo otro motín en Quatre Camins, que se iba a trabajar para evitar este tipo de episodios”, denuncian los sindicatos.
Desde Catalunya se mira con sana envidia la política que rige los penales del resto de España. “En el territorio español se han modernizado los centros y se cuanta con gente muy experta para “dirigirlos”, aseguran las mismas fuentes. “En Catalunya hace muchos años que no inauguramos una prisión y además no tenemos cantera de mandos.” Y los reclusos son los primeros que detectan la falta de autoridad o capacidad de mando. Quatre Camins, coinciden también estos funcionarios, es el ejemplo más palpable de esta nefasta gestión interna. “Aquí no vale con tener buena voluntad o empuje, lo que necesitamos en Catalunya son buenos profesionales”. Un dato que avala esta denuncia de los sindicatos es el hecho de que buena parte de los puestos de director de las cárceles catalanas están cubiertos con interinos. “Para dirigir una cárcel se exige ser funcionario de nivel A, el máximo de la Administración, y eso dificulta mucho la búsqueda de candidatos. Para llevar el timón de un penal no hay que ser ingeniero, si no que hay que hay que conocer muy bien el sistema y mundo penitenciario”, añade un portavoz sindical.
La actuación del viernes del subdirector de Quatre Camins. Manuel Tallón, es muy valiente, aunque impropia de un mando de este rango, aseguran estas mismas fuentes. “Un subdirector no puede encargarse nunca de los internos, como parece que ha ocurrido en este caso, cuando hay un conato de violencia. Lo acertado en este caso hubiera sido aislar, en la medida de lo posible, a los presos del módulo e intentar negociar o ir a buscar refuerzos”.
La postura de Tallón se entiende sin embargo, por la mecánica de trabajo
que se ha instaurado en las cárceles catalanas. La falta de una política
clara por parte de la administración ha provocado desencanto y apatía entre los funcionarios. La masificación,
centros antiguos que no reúnen condiciones para desarrollar un buen trabajo y
el desencanto de los mismos reclusos que no tienen ningún aliciente que les
haga ver el final del túnel en el que están metidos conforman un peligroso
cóctel que puede estallar en cualquier momento.
Con el estómago encogido
“Muchos funcionarios han dado ya la batalla por perdida al no ver una salida al problema y hacen lo mínimo”, critican los propios trabajadores penitenciarios. “Cada vez que entras en un módulo como el que fue escenario del motín de Quatre Camins se te encoge el estómago, porque si te das cuenta se desmanda no es controlable”, indica el funcionario. “De ahí que cada vez se actúe menos en lo que llamamos las zonas calientes como son los patios, el comedor o las salas de televisión. Al final te limitas a abrir y cerrar las puertas de celdas y dejas que los presos hagan lo que quieran cuando estás en estas áreas comunes porque sabes que el mínimo roce va a ser origen de conflicto.”
Estas versiones reflejan una realidad que está muy lejos de la función rehabilitadota
que debería tener un penal. Los funcionarios han perdido su espacio y esta
cuota de poder tan necesaria en este mundo. “Pasamos más horas encerrados en
las oficinas que con los reclusos y eso aquí no es bueno”, concluyen.
El subdirector herido permanece estable
El subdirector de régimen interior de la prisión de Quatre Camins, Manuel Tellón Pérez, que resultó herido el viernes en el transcurso del motín protagonizado por un grupo de presos, permanece estable tras haber sido ingresado en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del servicio de urgencias del hospital del Valle Hebron.
Los médicos confiaban a primera hora de la tarde de ayer en retirarle ya la respiración asistida si su evolución seguía siendo favorable. Según el último parte médico facilitado por el centro sanitario, Manuel Tellón fue ingresado en la UCI con ventilación mecánica i clínicamente estable. Además, en el TAC craneal que se practicó ayer no se le detectaron lesiones encefálicas. Tellón sufre un traumatismo craneoencefálico, varias heridas punzantes leves en la cabeza y un traumatismo facial sin fracturas. Todo ello fue causado por los reclusos que se amotinaron en la prisión, puesto que le pincharon con un punzón y le propinaron numerosos golpes. El herido ingreso en el Vall d’Hebron procedente del hospital de Granollers, donde fue atendido en un primer momento.
LA MASIFICACIÓN Y LA IMPOSIBILIDAD DE REDIMIR PENAS AUMENTAN LA CONFLICTIVIDAD
Los jueces de vigilancia penitenciaria también son más rígidos a la hora de otorgar permisos tras las fugas de Brito y Picatoste.
Javier Ricou
LLEIDA - BARCELONA
Gente arruinada. En argot penitenciario son los reclusos con larga condena que tienen muy poco que perder con una nueva pena. Éste seria el perfil de los presos que forman parte del núcleo duro que instigó el motín de Quatre Camins. Casi todos saben lo que es pasar una temporada en una celda de aislamiento o ser un primer grado. A su expediente se va a sumar ahora una nueva causa, contada seguridad pro homicidio con grado de tentativa, tras el brutal ataque sufrido por el subdirector del penal.
Estos presos, catalogados como conflictivos o peligrosos, son lo que peor parados han salido con la reforma del Código Penal de 1995, que abolió las redenciones por trabajo. Sin ningún aliciente que les haga soñar con una cercana libertad, el trato con este tipo de internos cada vez es más complicado, revelan fuentes penitenciarias. A la falta de estímulo para mirar con optimismo el futuro se ha añadido, en los últimos años, el problema de la masificación. Desde el 2000 hasta ahora la población reclusa de Catalunya, que ya pasa de los 7. 500 internos, se ha incrementado en más de un 20 por ciento.
La calidad de vida de los reclusos ha empeorado y eso genera malestar y muchas propuestas, que en la mayoría de los casos, cuando se trata de condiciones de vida, están plenamente justificadas. Y si con la abolición de redenciones por trabajo y la masificación no hubiera bastante, en los últimos años se ha detectado, indican funcionarios de prisiones, un recorte en los permisos que conceden los jueces de vigilancia penitenciaria. Esta rigidez de los magistrados se arrastra desde la trágica fuga protagonizada en Lleida por Manuel Brito y Francisco Picatoste, posible gracias al permiso del que disfrutaba uno de ellos y que le permitió ayudar a escapar a su compañero cuando los Mossos lo llevaban al hospital.
Antes de la reforma del Código Penal de 1995 un preso podía recortar un día
de su condena por cada dos trabajados. Además también había redenciones a
talleres en la cárcel (hubo presos que no sabían leer y escribir que se
apuntaron a cursos de mecanografía) o por buena conducta. Ahora las condenas
se cumplen a pulso.
Ante este panorama, a estos reclusos sólo les queda el consuelo de que se cumplan los augurios del director general de Serveis Penitenciaris, Albert Batlle, que ayer prometió trabajar para tener unas cárceles “más humanizadas, un trato más individualizado de los internos una mejora de las condiciones de vida de los funcionarios”. Batlle también reconoció que “la masificación no es el mejor clima” para una prisión, aunque desvinculó esta realidad de los motivos de fondo que explican el motín del viernes.
El conseller de Realcions Institucionals i Participació de la Generalitat, Joan Saura, culpó, por su parte, de la masificación al Código Penal Impulsado por el gobierno anterior del Partido Popular, mientras que Artur Mas, líder de Convergencia i Unió, acusó altrpartito de ser un gobierno de gestos y no ser capaz de enfrentarse a un tema tan duro como el de las prisiones. El conseller en cap de la Generalitat, Joseph Bargalló, opinó, por su parte que la política penitenciara del anterior gobierno de CiU, que no optó por construir nuevos centros, tiene buena culpa de la situación actual.
El portavoz del PP de Catalunya, Daniel Sirera, lamentó la “demagogia” de los reproches lanzados
por el Govern a la política penal del PP i pregunto
si los españoles prefieren tener a los delincuentes en la calle antes que en
la prisión.
El govern se defiende de las criticas
de CiU i PP culpando al primero de no construir más
cárceles i al segundo de su política penal.
EL DATO
Crece un 24 % el número de presos
El número de presos en las cárceles españolas y en las catalanas ha crecido casi un 24% desde el 2000. Aquel año eran un total de 45 128 los reclusos encarcelados en España, mientras que ahora son mas de 56 000, según las últimas estimaciones, todavía no oficiales. En Catalunya, en el 2000 había 6115 presos registrados y ahora se calcula que son unos 7 600, sin que se hayan construido más centros.
CAMBIO DE CROMOS
Los instigadores de la
revuelta han sido trasladados a celdas de aislamiento en Ponent,
Can Briñas y la Modelo
Redacción
BARCELONA - LLEIDA
La última noche ha sido muy larga para los amotinados en Quatre Camins. Una vez finalizado el plante se inició lo que en el argot penitenciario se conoce como “cambio de cromos”,, o trasiego de internos conflictivos entre las diferentes cárceles catalanas. En este caso, son los instigadores de la última violenta protesta. El centro de Ponent, Can Briñas y la Modelo son sus nuevos destinos. Las tres cárceles tienen departamentos especiales de aislamiento, con celdas individuales para los presos de primer grado y ya están acostumbradas a acoger a internos conflictivos cuando ocurren este tipo de altercados.
A las cuatro de la madrugada todavía se realizan algunas de estas conducciones. La media docena de “kies” acusados de participar en la brutal agresión propinada al subdirector de Quatre Camins van a estar en estos módulos un mínimo de seis meses, mientras que el resto de presos que no tuvieron una participación tan activa en el plante y tener más suerte y pasar en estas celdas de aislamiento sólo tres meses. En estos departamentos especiales, los internos no disfrutan de ningún beneficio. Apenas salen de la celda y, en los casos más graves, los cortos paseos por el patio se hacen en solitario.
Mientras que del Departement de Justicia se informaba de una treintena de traslados, fuentes penitenciarias aumentaron la cifra a medio centenar. Algunas familias de estos reclusos, que ayer acudieron a Quatre Camins para visitarles, se enteraron en la cárcel que sus parientes ya no estaban allí. Estos familiares expresaron en la misma puerta del penal su malestar por esta medida y su incertidumbre por desconocer la suerte de estos reclusos. Una mujer incluso llegó a temer de que su pariente hubiera sido golpeado como castigo, tal y como le ocurrió en el motín de hace dos años, cuando los Mossos se vieron obligados a utilizar la fuerza para disolver a los amotinados.
!HEMOS MATADO A UNO¡
Media docena de "kies" (líderes) instigaron el motín tras dar por muerto al subdirector del centro.
Los amotinados obligaron a desnudarse al funcionario retenido y lo ataron en una silla del patio.
Nada estaba preparado i tampoco había un plan o estrategia que seguir. La chispa que provocó el estallido de violencia que dejó el módulo 1 de Quatre Camins en manos de los presos durante cuatro horas saltó tras un enfrentamiento verbal entre un recluso y un funcionario. el interno, un "kie" (líder), se enfadó porque le prohibieron hacer una llamada telefónica. Otras fuentes apunta, sin embargo, que hubo más que palabras entre funcionario y preso y que el origen de la discusión fue una anulación de última hora de un vis a vis (contacto íntimo en la cárcel) al sospechar que en ese encuentro se iba a encontrar droga.
Sea cual se el origen que provocó este violento motín, diferentes funcionarios de prisiones coinciden en afirmar que la tensión que se vive en algunas cárceles catalanas en tan alta que cualquier motivo vale para que estalle el conflicto.
Lo que ocurrió en Quatre Camins aval esta teoría. El "kie" que inició la discusión fue arropado enseguida por otra media docena de reclusos, considerados también líderes, con largas condenas y dilatada experiencia en este tipo de algaradas. De hecho, algunos de estos presos ya tuvieron un papel muy activo en el motín vivido en este penal hace ahora dos años, indicaron fuentes penitenciarias.
La tarde del pasado viernes había dos funcionarios en el módulo 1, ocupado por 220 internos, cuando se inició la discusión. Uno pudo escapar tras recibir algunos golpes, añadieron las mismas fuentes, pero su compañero fue retenido por los presos. Y fue entonces cuando llegó el subdirector de seguridad. Manuel Tallón, para intentar poner paz. Una valiente reacción aunque demasiado arriesgada por el cargo que ocupa.
"El subdirector jamás debe intervenir en un conflicto de estas características", afirman los mismo funcionarios. "Fue una temeridad por su parte, ya que los internos concentran todo su odio o frustraciones contra los mandos del penal".
Manuel Tallón fue brutalmente apaleado y pateado por ese núcleo duro de presos cuando les conminó a que depusieran su actitud. "Lo peor fueron las patadas que recibió en la cara y en la cabeza", revelan estas fuentes. También le provocaron una herida en el cuello con un pincho artesanal. "Se ensañaron con él y como sangraba mucho y no se movía pensaron que estaba muerto y lo dejaron tirado en el suelo". Eso le salvó la vida. "¡Hemos matado a uno y no nos importa matar a otro!", gritaron los reclusos, según el relato de este funcionario. Manuel Tallón sigue hospitalizado con pronóstico reservado y ya no se teme por su vida.
Los reclusos mantuvieron en su poder al otro trabajador. Se hicieron dueños del módulo 1 y colocaron una silla en medio del patio. Obligaron al funcionario a desnudarse y lo sentaron allí, tras atarle de pies y manos. "Recibió algún golpe, pero lo peor para este compañero ha sido la vejación y el maltrato psicológico", afirman las mismas fuentes. Mas tarde le dieron un chándal para que se vistiera.
El motín no había hecho más que empezar y la pesadilla se prolongó durante cuatro horas. "Al principio se sumaron prácticamente todos los internos del módulo a la protesta, siguiendo los pasos de esos "kies", pero al final sólo quedaron unos setenta". No consta que en esta ocasión se provocaran destrozos en la cárcel. Denunciaron tortura y humillaciones. Después de una larga conversación en la que intervinieron los mediadores responsables de Justícia, de la cárcel y mossos d'esquadra, los amotinados depusieron su actitud sin tratos ni contraprestaciones.